Zapatero, Rajoy y ETA: entre el asco, la indignación y la vergüenza

Ayer fue un día duro. El trío Zapatero, Rajoy, ETA nos ha dado hoy todo un espectáculo de asesinos felices como los etarras; orgullosos traidores a España, y a todos los asesinados por ETA, como Zp y sus secuaces; y mentirosos sin escrúpulos como Rajoy y sus peperos, por cierto, estos también traidores aunque, es posible o no, algunos avergonzados de serlo.

¿Qué pasó ayer? Por lo visto según los demócratas, como cuesta aceptar democracia como animal de compañía y comprometerse en su defensa, el terrorismo ayer firmaba su derrota. Sin embargo, los semblantes etarras no eran como los de los líderes japoneses que se rindieron ante el General Macarthur en la cubierta del Missouri. No hemos visto el rostro afligido de los etarras rindiéndose ante representantes españoles y poniendo su destino en nuestras manos. Hemos visto a unos hijos de puta, a los que nadie puede llamar soldados por la absoluta inmoralidad de sus medios, de fiesta en territorio francés dándose autobombo y disolviéndose cuando les ha dado la gana hacerlo para dejar abierto el camino a la alternativa política, sin lucha armada, en la que ETA se transformó, también cuando le pareció, gracias a Rodríguez Zapatero y a una asquerosa decisión del Tribunal Constitucional, politizado, contra el Supremo, también politizado pero o menos o en mejor línea.

¿La sensación mayoritaria en las víctimas, en muchas ocasiones, tontas útiles usadas por el PP que les ha dado la patada en el culo? De derrota. Saben, como todos sabemos, que pronto van a empezar medidas favorables para los presos etarras, la de menos será que les lleven a cárceles en Vascongadas, y que no habrá un solo detenido más por los cientos de crímenes etarras pendientes de resolución. Cada líder político demócrata, todos, PSOE, PP y Cs, que nombra a las víctimas, en el mismo segundo en que lo hace, las está traicionando. A ellas y a España.

Mariano Rajoy deja abiertos, le queda poco en el Gobierno, tiempos difíciles para España. En lo económico, las cosas no son ni de lejos tan bonitas como el PP las pinta. Simplemente se mantienen con alfileres una mínima estabilidad que hace de pantalla de una caos de fondo que, al final, estallará. En el terreno político la herencia de Rajoy en Vascongadas, Navarra, Cataluña, Valencia, Baleares y Galicia es demoledora. Desde El Muro sólo nos cabe decir que si alguien de derechas o que, si quiera, sienta algo de patriotismo español vuelve a votar al PP, debe saber que vota el suicidio de España.

Algo para el optimismo. En el perfil de un tuitero, Pedro Altuna, leíamos esta frase: “Nada hemos de dar por seguro en este mundo, ni nada por perdido definitivamente. De pronto, todo cambia.”