Yo no quiero salvar la democracia

Cada vez que en España nos enfrentamos a un problema que nos ataca a todos los españoles, aparecen los políticos del sistema repitiendo el mantra: “esto es un ataque a la democracia, los demócratas tenemos que permanecer unidos”. A veces la variante es igual de patética: “los constitucionalistas debemos estar unidos”. Y llega un momento en el que uno se planta porque está harto de tanta palabrería absurda. ¡No, yo no quiero salvar la democracia! A mí lo que me preocupa es España.

El problema de España no es el separatismo –tranquilos, no voy a hablar de Cataluña-, tampoco es el terrorismo, no es el multiculturalismo ni la globalización. Si me apuráis, el problema tampoco está en la oligarquía que nos gobierna. Ni la española ni la internacional. El problema es que en España han adoctrinado a la sociedad para convencerla de que debemos salvar el sistema: la democracia, su constitución y el turno imperfecto de partidos políticos que nos impuso la Transición.

Muchos se quejan de que en Cataluña se adoctrina, como se adoctrinaba en las Vascongadas. Pero todavía no he oído a nadie decir que se adoctrina en España. ¿Hace cuantos años que no escuchamos a un paniaguado político pronunciar la palabra Patria en sus discursos desde las instituciones? Pues eso, que llevan cuarenta años adoctrinando para que nadie quiera salvar la Patria y la identidad que nos legaron los siglos de historia de la que, curiosamente, tampoco podemos sentirnos orgullosos.

Lo que debemos salvar no es la democracia, no está en peligro. La democracia y la constitución no están amenazadas por ningún ataque, está bien protegida por un sistema político que se preocupó de organizar su permanencia. Lo que debemos salvar es España, es a los españoles. La democracia no es un fin, es un medio. El fin es la nación, que es España y quienes vivimos aquí.

El día que la democracia deje de ser el fin de los políticos, que viven de ella y por eso su objetivo es defenderla, los españoles estaremos protegidos porque alguien verá que el fin es la nación, que solo puede ser una.

La democracia, como medio, si sirve para el bienestar de los españoles, bienvenida sea. Pero si se convierte en el problema, como ocurre porque confunde el objetivo de la política, dejará de ser útil y, lejos de la solución, será el problema.

El adoctrinamiento no lo inventaron las ikastolas ni los colegios catalanes. El adoctrinamiento es el lavado de cerebro impuesto tras la Transición. Desde entonces llevan intentando convencer a la sociedad de que el objetivo es mantener a salvo la democracia “esa que nos costó cuarenta años recuperar”. Ningún político del régimen se preocupa por salvar España. A ellos solamente les preocupa el sistema, ese que les alimenta y les da privilegios. Y solamente actúan cuando ven su bienestar amenazado.

Salvar la democracia se está convirtiendo en destruir España, porque se han empeñado en ponerla por encima de todos. La dictadura de la democracia acabará con la esencia de España. ¿Habrá reacción?

Juan E. Pflüger

1 Comentario

  1. Hola Juan. Llevo días que quiero expresar algo que jamás hubiera imaginado, sobre la ley, la ausencia de ella, el desamparo, el pensamiento en la Democracia… Cuando sepa como expresarlo, tal vez te pueda aportar un punto de vista, que jamás yo pensé que sentiría. Es contradictorio el sentimiento. Veremos como lo hilo.
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