Todo sigue igual

Ante la advertencia (contra su voluntad) de Pedro Sánchez de volver a la aplicación del 155 si en Cataluña sus instituciones vuelven a mostrarse montaraces y levantiscas, el presidente de la Generalidad ha respondido a Sánchez que creía haber escuchado al presidente de todos los españoles que había hablado de «solución política» al «conflicto catalán» y que volver a amenazar con el 155 es ponerse en una situación un tanto dictatorial y autoritaria. Cualquiera entiende los sudores que aun verdadero demócrata le brotan cuando se insinúa siquiera su fascismo y, Sánchez, volcado ahora en la consecución del mayor acto democrático que vieron los tiempos -la exhumación de Franco- conjurará el peligro de un nuevo otoño caliente en Cataluña con una brillante solución política.

Torra dice que solo al Parlament, foro de todos los catalanes, debe pleitesía y que solo a lo que éste diga atenderá pero que mantendrá sus independentistas posaderas en la mesa de negociación por lo que pueda caer. Hubo un tiempo en el que los presidentes del Gobierno español entendían que obedecer al Parlament era obedecer a España. Hoy, roto ese hechizo, se impone la suspensión de cualquier estructura administrativa y de gobierno en Cataluña.

Volver al 155 es la peor amenaza que se puede hacer a un niño que no quiere comerse las acelgas. Hasta su aplicación el año pasado mantenía altas unas expectativas que se vieron defraudadas en cuanto entró en vigor. Hoy, no vale, y por eso Torra hace como que se indigna en esta charada que representa conjuntamente con el Gobierno español. Así que estamos en el mismo punto que el 31 de agosto del año pasado. Y lo que se viene encima es un otoño caliente de verdad.