Timokracia. Por Eduardo García Serrano.

Democracia: concepto de ambiguo significado y sincrética unidad, cuyos dirigentes saben que donde no hay pensamiento no molesta su falta de profundidad. Democracia: concepto, idea y sistema político que denominándose igual es distinto según quién lo invoque. Todo líder se automoteja de demócrata y todos los sistemas políticos se reclaman democráticos. Incluso el gobierno de Rajoy.

Los hermanos Castro aseguran que Cuba es una democracia y que EEUU no lo es. Los dirigentes de Corea del Norte dicen que ellos tienen una democracia y que Corea del Sur vive bajo una dictadura capitalista. Los líderes de la URSS aseguraban que su país era una democracia en tanto que era una dictadura del proletariado; idea esbozada ya por Rousseau, aquel golfo que dejó más bastardos que un chimpancé con priapismo, en el “Contrato Social”, texto básico de las modernas democracias occidentales.

¿Qué es la democracia? Dicen los politólogos que es un régimen de opinión pública. Bien, desarrollemos ése argumento. La opinión pública la fabrican los grandes grupos mediáticos y éstos, a su vez, están controlados por las grandes corporaciones económicas y financieras. Luego, por lo tanto, el poder político no tiene vinculación más que con los grandes poderes económicos. Por eso la ley no descansa en ninguna fe colectiva, la Nación es un cascarón vacío de contenido y sentido y el Estado es sólo una vasta SA de funcionarios intercambiables.

En la antigua Grecia habían un régimen político que se llamaba Timokracia, cuyo significado es la suma de dos palabras: Time (honor) y Krateo (dominar), y que consistía en elegir a aquellos que merecían el honor de representar al pueblo, dominándolo a través del poder y gobernándolo con con honradez y eficacia. Platón y Aristóteles consideraban la Timokracia como una buena forma de gobierno. Claro que ambos filósofos no podían prever cual iba a ser la evolución semántica de la palabra Timokracia en ésta vieja península mediterránea a la que ellos llamaron Iberia.

Tenían los hebreos una modalidad de matrimonio denominado Sádiga, que consistía en que cada cónyuge vivía en su casa respectiva y el marido visitaba a la esposa muy de vez en cuando. Nuestra “timokracia” es, además, una Sádiga, cada cuatro años nos visita para pedirnos el voto durante quince días. Después se va y nos deja en manos de sus nada aristotélicos y aún menos platónicos timókratas.