Son españoles. Son nosotros. Por Eduardo Arias

Las elecciones autonómicas de Cataluña ya se han celebrado. El resultado lo valoramos como francamente negativo. El voto separatista en Cataluña es brutal. Según consideremos separatista o no el voto al Podemos catalán e incluso a algunos sectores del PSC, la cantidad de catalanes que han aprendido a despreciar a España y que quieren separarse del resto de los españoles es demoledora.

Algunos, antes que nadie la extrema derecha, anunciamos  que esto llegaría al día siguiente de la aprobación de la Constitución del 78 con su estado de las autonomías. Y ahora anunciamos lo siguiente: en más o menos tiempo, atendiendo a las circunstancias que se vayan dando en la propia Cataluña y en el resto de España, habrá otro órdago y  el secesionismo lo ganará si España no pone toda la carne en el asador para frenar todos los instrumentos que hoy están a disposición del separatismo para hacer crecer el odio a España en la región de Cataluña. Si un 60, 70% de catalanes son independentistas nada parará la independencia de Cataluña. Y como hemos llegado al 50% de secesionistas llegaremos al 70%. Muy posiblemente  ya está engendrado en los jóvenes catalanes el huevo de la serpiente.

Y también anunciamos que el virus separatista no está solo en Cataluña. Está en Baleares, en Valencia, en Navarra, en Vascongadas, en Galicia. O en esas regiones se toman, desde el Estado y en nombre de España, las medidas necesarias para desposeer al separatismo de todos los medios que tiene a su alcance para promover sus planteamientos o España no podrá soportar las tensiones que se crearán y, en el medio del camino, que nadie dude, que todo ese magma tendrá consecuencias sociales y económicas muy graves o quizá devastadoras para el pueblo español.

Si lo anterior hay que ponerlo en marcha, hay, además,  que emprender inmediatamente  otro camino. El camino de la verdad sin miedo al conflicto. Hay que poner sobre la mesa las verdades del barquero. Todas. Hay que librar la batalla ideológica. Sin miedo a ofender, sin mano izquierda, sin miedo a las consecuencias inmediatas que,  sean las que sean,  serán menos malas que la consecuencia final del, hasta hoy, silencio complaciente con el independentismo porque la consecuencia final es la ruptura  y la ruina de España y del pueblo español para generaciones. Toda la construcción histórica de los separatismos es mentira y, en lugar de escucharla sin  respuesta y  permitir que en ella se forme a la gente joven, hay que responder sin ambages e impedir la educación en términos separatistas.

No hablamos de la ilegalización de las organizaciones separatistas, de momento, en tanto en cuanto quizá ese remedio pudiera ser, de momento, peor que la enfermedad aunque desde luego partimos de la base de que jamás debieron estar legalizadas y que esa medida no es descartable. Pero si hablamos de contrarrestar todas y cada una de las tesis públicas de los separatismos con algo tan simple como la verdad cruda, radical, firme, sin la más mínima concesión,  a través de todos los medios de comunicación y publicidad posibles, públicos y privados. Hablamos de legislar en el sentido de hacer del español la lengua de educación de todos los españoles en todas las regiones de España como batalla fundamental en la que ya no dar un paso atrás y empezar a recuperar terreno de inmediato. Hablamos de legislar para garantizar que todos los españoles puedan acceder en condiciones de igualdad a los puestos de la función pública en todas las regiones españolas. Hablamos de uniformar la educación que reciben todos los españoles en toda España. Hablamos de uniformar fiscalmente toda España terminanado con los privilegios económicos en todas las regiones españolas. Hablamos de hacer que los servicios públicos que reciben los españoles sean iguales en toda España y gestionados por y desde el Estado.  Hablamos de extender la presencia de la Policía Nacional y de la Guardia Civil a toda España limitando enormemente las funciones propias de las policías autonómicas. O todo eso se hace o España vivirá tiempos muy difíciles.

Mariano Rajoy y el PP muy difícilmente harán lo que hay que hacer. Por el contrario, Rajoy no tardará en salir a decir que todo está bien porque hemos vuelto a la legalidad y volveremos a la calma chicha mientras se hunde el barco. El tortazo del PP en Cataluña debe trasladarse a toda España. Ciudadanos está ahí y hay que construir una nueva derecha social que ocupe el espacio que hoy el PP tapona en la derecha. Una nueva derecha social total y absolutamente libre de complejo alguno. Tan libre de complejo alguno como libre de la mancha de corrupción que emponzoña el PP hasta su médula.  Es necesaria la desaparición del PP del tablero político para poder sanear España.

Como decimos, los resultados han sido malos y el panorama es difícil. Cabría la posibilidad de rendirse. Sin embargo no es una opción. Ciudadanos ha sido el partido más votado. Pero no han ganado. Todos sabemos que esa victoria en escaños y votos no es una victoria. Pero sí es un compromiso para todos los españoles que no vivimos en Cataluña. Hoy Cs celebraba su resultado coreando aquello de “yo soy español, español, español”. A pesar de todo, de años de España renunciando a defenderse a si misma, Cataluña está llena de catalanes leales a España. Son españoles. Son nosotros. No podemos dejarles solos. A trabajar por ellos.