Sólo forma de hablar: El hijo de puta del cura

Después de las esperanzadoras declaraciones del Papa volviendo a creer en Dios, por una vez al menos, sobre la existencia de Satanás y las de Rouco Varela sobre la unidad de España, nos encontramos con la decepción del Obispo Emérito de San Sebastián Juan María Uriarte que ha soltado todo tipo de lindezas por su boquita de piñón sobre ETA y el terrorismo.

Pide, su obispidad, “una política penitenciaria más acorde con el cambio producido, que aproxime a los presos hacia su lugar de origen y sea más humana con los presos gravemente enfermos». El cambio producido es que ETA ya no descerraja tiros en la cabeza de la gente o pone bombas donde hay niños. Sigue Uriarte diciendo que la desaparición de ETA es necesaria lo que le preocupa de cara a que podría tener  «penitenciariamente, efectos positivos».

Con dos cojones, su obispidad, equipara lo hecho por ETA con lo que hizo el GAL y dice: “Esperamos un reconocimiento del daño y del mal causado por ETA. También  de parte del GAL.” Después Uriarte ha tenido  a bien mostrar otra de sus preocupaciones: «Evitar un daño innecesario e injusto a las familias».

Su obispidad, se lo resumimos mucho: cualquier castigo que estén recibiendo los etarras es poco en comparación con el que de verdad les correspondería. Que ETA pida perdón nos la refanfinfla. ETA no dejó la violencia por un examen de conciencia, ETA dejó la violencia primero porque las FSE la machacaron y luego porque Zapatero la puso en condiciones de obtener más sin armas que con ellas. Comparar a ETA con el GAL, le hace un personaje indecente. Preocuparse de las familias de los presos etarras para pedir una disminución del castigo de los etarras, le hace amigo de esta gentuza. Que ETA pida perdón nos la refanfinfla, pero que los hijos de puta, muchos, que hay entre  los curas vascos,  lo hicieran no estaría nada mal.

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