Siempre tuvimos a los catalanes por gente seria

Es cierto, en los tópicos habituales, de los andaluces… juerguistas, los catalanes… tacaños, etc.  no nos vimos muy reflejados, ya que en general, siempre tomamos a los catalanes por gente seria, podían ser un poco raros para nuestra manera de ser, podían tener un humor diferente, o una manera de ver las cosas, pero … siempre los consideramos gente seria.

De un tiempo a esta parte, nos están dejando sin palabras, la seriedad proverbial de los catalanes ha desaparecido, (obviamente estamos generalizando, porque la mayoría silenciosa, sigue silenciosa, excepto en momentos puntuales) pero esos que se hacen notar, que en este momento están queriendo dar la nota día a día, están cambiando nuestra percepción del mundo de lo catalán. Son marrulleros, capaces de decir una cosa y la contraria, de decir que proclaman una república, y luego decir, que tanto como eso no, que se quedan en una repu… y ya está, y además de manera testimonial. Lo que hoy se dice de una manera, mañana se dice de otra, el tradicional “seny” catalán brilla por su ausencia. Hoy se llama a la resistencia, pero el jefe de los resistentes se “da el piro”, el expresidente, en el maletero de un coche. Papá Pujol amasando millones de fortunas familiares sin declarar, los jefes de la Policía autonómica colaborando con los delincuentes… y luego las famosas “performances”, lo que toda la vida se ha llamado “montar el numerito”.  En España eso fue un invento de Ruiz Mateos, que entre vestirse de supermán, y el “tepegoleche” ya tuvo bastante para perder su honorabilidad si bien al menos se hizo oír. Los catalanes tienen medios, para hacerse oír, para hacerse notar, no deberían acudir a la parodia, al teatrillo del absurdo que montan a diario por calles y plazuelas; cuando no llenan todo de lacitos amarillos, se presentan en familia a manifestarse en Bruselas, o  montan un simulacro de cárcel en mitad de una plaza, con autopresos que son actores, llenan un parque de cruces amarillas, o ahora en semana santa se disfrazan de penitentes con los capirotes de color amarillo. Al menos esta vez han resuelto nuestras dudas, han dejado de ser serios, muy serios. Para ser tontos de Capirote.