Separatismo catalán: el niño y la rabieta

El separatismo catalán  es un niño mal criado. Un niño al que se ha ido concediendo todo desde hace años, incluso lo injustificable, y un niño al que se le ha permitido todo,  incluso lo imperdonable. Ahora, cuando se le lleva la contraria, viene la rabieta.

No parece dudoso que desde hace años, quizá desde el inicio de la transición, a las peticiones del separatismo catalán, disfrazado de pujolismo moderado hasta hace unos cinco años, se ha contestado siempre con un sí. Transferencia de competencias, inmersión lingüística, oposiciones tuneadas, pasta gansa, todo. La verdad es que España ha tragado siempre hasta el momento en el que tragar ya ha sido imposible. De ahí la dificultad de educar y poner en su sitio al niñato.

Al separatismo catalán se le ha perdonado lo imperdonable: insultar a España, quemar nuestra bandera, obligar a los niños a estudiar en catalán, prohibir usar el español en los rótulos comerciales, desobedecer sentencias… Cuando ahora se  quiere poner firme al niñato, el niñato se coge una rabieta.

Si ha sido un error gravísimo conceder y permitir todo hasta hoy, ahora hay otro error más grave todavía. Defender, todavía, al niñato y pedir que no se le castigue. Que se negocie con el niñato. Hay que castigar al niñato, no a Cataluña, al separatismo. Hay que baldarlo. Quienes le protegen están sembrando la siguiente rabieta.