¿Se preguntan los separatistas si sus hechos provocan españolismo?

Los separatistas tienen la suerte, tienen la ventaja, de la que no gozamos los españolistas, de no tener en su interior una pandilla de plastas cogiéndosela con papel de furmar diciendo constantemente no hagas esto o aquello, no saques la estelada, no hables en catalán, no te cagues en España, no digas que España nos roba, no arranques la bandera de España y la tires al suelo, no declares la independencia… Nadie en el separatismo se preocupa de si haciendo todo lo anterior van a provocar un aumento del españolismo. Esa figura, cansina y cargante, los independentistas no la tienen. Los españolistas, sí. Es otra ventaja más del secesionismo.

En todo el sector no independentista pulula la corriente pastosa de los melindres. No hables de España, habla de la ley y la Constitución que si no alimentamos el separatismo. Habla en catalán, y no en español, que si no alimentamos el separatismo. Habla de los pueblos de España, y nunca del pueblo español, que si no alimentamos el separatismo. Come butifarra y no cordero que si no alimentamos el separatismo.

Pues señores melindres, del PSOE hasta nazis, hemos sobado el lomo al separatismo hasta límites galácticos y, a pesar de eso, el separatismo se ha alimentado de la leche. Es posible que si España se hubiera puesto seria con el separatismo lo habriamos alimentado tanto que hasta los de EL MURO nos habriamos hecho de la CUP pero eso no lo sabemos. Lo que si sabemos con toda certeza es que el sobe de lomo, recomendando desde el PSOE hasta por los nazis que en España hay, ha alimentado y mucho al separatismo.

Es la tesis del separador. Supongo que Franco era un separador: único idioma oficial el español, educación en español, catalán voluntario y libremente hablado, es decir, lo razonable. Pues cuando ese separador, Franco, después de separar durante 40 años,  se murió a los separatistas se les había alimentado más bien poco porque eran tres y el del tambor. Es curioso que, en este aspecto, el PSOE y, en el fondo, toda la castuza política de la transición coincidan con las sandeces identitarias nazistoides por las que una lengua, una butifarra y una sardana son categorías políticas del copón y no meras señas culturales de muy poca o ninguna trascendencia política.