Se desata una guerra entre Magistrados y Asociaciones feministas por cuestiones de violencia de género

Era muy previsible, los juzgados de violencia de género se crearon en principio para defender a las mujeres que han sufrido episodios de violencia, ya sea física o psíquica por parte de sus maridos, parejas, novios, amantes, ya sean actuales, o en su condición de “ex”.
Pero lo que en origen puede resultar muy plausible, en la práctica ha acabado siendo en muchos casos un método expeditivo de conseguir por la vía penal importantes ventajas que desequilibran la balanza de la justicia y la equidad. No olvidemos por ejemplo que cuando empieza un procedimiento ante los Juzgados de Violencia de género, se da una situación que ya en sí deja mucho que desear: Los hombres tienen que pagar el abogado de oficio, salvo que sean pobres de solemnidad, porque lo que mucha gente desconoce es la diferencia entre un “abogado de oficio” y el beneficio de justicia gratuíta. (El primero no implica el segundo), salvo que seas mujer, la otra parte del procedimiento judicial pleitea gratis, siempre. Da lo mismo que se apellide Koplovich, Preysler, Botín o Borbón, da lo mismo el número de ceros que se tenga en la cuenta corriente, si eres mujer, el abogado es gratis.
Una mujer maltratada, una maltratada de verdad, tarda una media de cinco años en poner su primera denuncia. Pero hay otro tipo de maltratadas, aquellas que por voluntad propia, o empujadas por psicólogas, asistentes sociales, abogadas, y asociaciones feministas, han hecho de la violencia de género un modus vivendi, un auténtico negocio, lo que podríamos definir como la industria de la violencia de género. Esas denuncian con más facilidad, en ocasiones de manera temeraria, y todo ese entramado que se mueve por ese submundo, no está dispuesto a que esto se pueda acabar. Las partidas económicas son importantísimas. Europa paga importantes cantidades por cada denuncia presentada, de ahí que a través de los medios, oigamos constantemente indicaciones de denunciar al varón, no sólo por parte de la supuestamente agredida, sino también por parte de los vecinos que oyen alguna voz. Eso ha llevado en ocasiones a la realización de llamadas a la policía porque alguien estuviera oyendo una película un poco alta, o por ser demasiado apasionado en las artes amatorias, algo absolutamente ridículo.
Pues bien, con el tiempo los jueces han ido descubriendo que no tenían que irse creyendo todo lo que les contasen, que los divorcios debían ser por lo civil y no por lo penal, y que los desahucios no podían ser confundidos con órdenes de alejamiento, del mismo modo que el reparto de bienes en una sociedad de gananciales no puede quedar resuelto con un oficio de recogida de enseres para que acompañado de la guardia civil el hombre se lleve media docena de calzoncillos y sus cosas de afeitarte. Poco a poco se han ido dando cuenta de que si bien debe protegerse a la mujer, no vale solamente su palabra para limitar los derechos fundamentales de su marido, prohibiéndole acercarse a su casa, o ver a sus hijos. Que también hay, además de mucho hombre hijo de puta, que los hay; mucha denuncia falsa, y lo que es peor, en ocasiones inducida por asociaciones y colectivos que deberían limitarse, a dar asesoramiento y buenos consejos, y no a enseñar a las supuestas víctimas a conseguir beneficios y situaciones de ventaja.
Pero el interés en que esto perdure es muy alto, interés económico en muchos casos, ayudas sociales, permisos de trabajo, casas de acogida, cursos de formación, subvenciones a ONGs, en definitiva… un rodar de dinero que no puede parar.
Esa y no otra, es la causa por las que muchas asociaciones de Mujeres pretenden presionar, coaccionar y chantajear a los Jueces para que no persigan ni una sola de las denuncias falsas, desde el año 2.004, un total de 65.000 millones de Euros han alimentado este monstruo, las asociaciones feministas, muchas de ellas próximas al Psoe, y que se financian con las subvenciones de los contribuyentes, quieren acabar poniendo ellas las sentencias y doblegar a los jueces, para que la presunción de inocencia del varón quede definitivamente eliminada, Besteiro o Cruz Sánchez de Lara (la mujer de Pedro J. Ramírez) están a la cabeza de estos intentos, y varias juezas se han convertido en blanco de sus ataques. Recientemente la cabeza que pretenden obtener como trofeo es la de la Magistrada Juez de Violencia de Género de Arganda del Rey en Madrid. Tanto que la titular de dicho órgano ha tenido que pedir amparo al Consejo General del Poder Judicial; habiendo contado con el apoyo de las cuatro asociaciones de la Magistratura. Pero lo cierto es que las denuncias contra los jueces aumentan, y estos y los fiscales, se la juegan poco, por lo que no nos extraña que apenas se deduzca testimonio por denuncia falsa en aquellas cuestiones denunciadas por mujeres que hacen dudar muchísimo de su credibilidad, y ante los que muchos jueces, en el mejor de los casos no pasan de la reprensión privada. En definitiva, poco riesgo a la vista de las ventajas que se pueden obtener por parte de las mujeres, y mucho ímpetu para no perder lo conseguido por asociaciones de trinconas de subvenciones.

3 Comentarios

  1. Me alegro mucho, pues estas nuevas inquisidoras lo que querrían es montar LA GUILLOTINA, y empezar a decapitar a todas las personas que les lleven la contraria, incluidos fiscales y jueces.
    ¡Y lo triste del caso es que hay una gran cantidad de juezas y fiscalas, que en estos asuntos de género, siempre se alinean con las de su sexo…!
    (Salvo honrosas excepciones, por supuesto, que también las hay, pero eso, excepciones).

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