Sánchez, golpista. El Ejecutivo contra el Tribunal Supremo

Si lo que pretendíaPedro Sánchez era una rectificación del líder de la oposición, Pablo Casado, por llamarle en el Congreso “golpista”, que en tal te convierte ser cómplice y colaborador necesario, se lo está poniendo muy difícil. Más, después de manifestar y enmendar la plana al Supremo afirmando que pone en duda (él, y colegiadamente todo su Gobierno) que lo que se produjo en Cataluña hace poco más de un año pudiese tipificarse como rebelión.

Lavar la cara al procés, primero, para ahora, abiertamente, ponerse del lado de los secesionistas. Ahora queda claro que el enemigo de Sánchez es cualquiera que pueda poner en riesgo su poltrona. Ahora queda claro que Sánchez es el heredero de una tradición de socialistas golpistas, asesinos y ladrones, de la impronta que dejan unas siglas en algo más de un siglo de historia criminal. Este es el hampa que nos gobierna y del que habrá que librarse por las urnas si no queremos tener que librarnos por las armas.