Sacar a los muertos de las tumbas, ganar una guerra ochenta años después. Por Juan E. Pfluger.

La decisión que ya ha tomado Pedro Sánchez no es sino la intención de ganar ochenta años después una guerra que la izquierda y el separatismo perdió hace ochenta años. Esa izquierda revanchista y cobarde ha tenido que esperar, no ya a que muriese Franco en la cama, sino a que la biología haya puesto fin a la generación que ganó la Guerra Civil para intentar ganarla.

La única manera que se les ocurre es la de sacar a los muertos de sus tumbas. Profanar el descanso de personas por mero afán de revancha. Con esto creen que están ganando la guerra, piensan que cambian la historia.

La verdad es muy otra: la Guerra Civil la ganaron las tropas nacionales que, inicialmente tenían menos posibilidades, menos hombres, menos armas, menos medios, menos dinero, menos ayuda internacional,… Y la ganaron porque fueron más eficaces y porque, lejos de romperse en disputas enteras supieron luchar por una España que querían frente a una no España que se vendía a los intereses de Moscú.

Aquello fue un fracaso de la izquierda agrupada en el Frente Popular. El mayor fracaso de la historia de la izquierda que, teniéndolo todo, lo dejó escapar por su sectarismo. Y es ese sectarismo el que aflora ahora en las medidas pretendidamente simbólicas que se pretenden implantar bajo el paraguas legal de la Ley de Memoria Histórica. Unas medidas que solamente dejan claro el complejo de una izquierda que fue incapaz de derrotar a los alzados en el campo de batalla e intentó eliminarlos en las checas, las sacas y la represión indiscriminada.

Ahora, cuando fracasaron en ese intento hace ochenta años, pretenden desenterrar a los muertos que les derrotaron. Con ello solamente dejan claro que perdieron entonces y que están perdiendo ahora. Y la derrota de ahora será más duradera porque será la derrota de la moral. La derrota, no puede ser otra cosa, que supone declarar la guerra a los muertos, esos muertos a los que no fueron capaces de vencer en vida.