Rajoy, no seas traidor: Sólo aparentas aplicar el art. 155. Empieza por cargarte al jefe de la Policía Armada Rural

Rajoy y Zoido, nos han hecho creer que han aplicado el art. 155 de la Constitución, cuando es mentira.
Siguen pagando un sueldo a Trapero, por hacer crucigramas mientras espera a ser nuevamente rehabilitado.
No han intervenido las Televisiones y emisoras de radio desde las que se fomenta el separatismo y se colaboró activamente en la preparación del golpe de estado, coordinando incluso la resistencia a las Fuerzas de Seguridad del Estado, alertando de sus movimientos.
Han convocado unas elecciones en dos meses, para volver al punto de partida, cuando nada ha cambiado y la propia sociedad civil había parado el golpe de estado. Fueron los patriotas catalanes, quienes pararon a los secesionistas catalanes. Rajoy con un 155 de paripé ha desarmado la resistencia civil contra los que quieren romper España.
Ha permitido que se vuelvan a presentar a las elecciones auténticos delincuentes, cuando estaba en sus manos, el haberlo impedido, ¿Cómo? Mediante la aplicación de una nueva ley preparada específicamente para ello. El catalanismo ha tenido tantos privilegios que porque ahora hubieran tenido un privilegio negativo que coartase los derechos de fugitivos y presidiarios, no hubiese pasado nada.
Rajoy tiene que dar un puñetazo de verdad en la mesa, demostrar que es el auténtico presidente de nuestro gobierno, y no un pintamonas incapaz de dar un paso por propia iniciativa. Ahora tiene la ocasión.
Marc Costa.
Este tiparraco es el jefe actual, al que nadie ha relevado de sus funciones de la policía rural catalana, un cuerpo del que nadie habla y que preside el tal Marc, con categoría de Director General. Un cuerpo que tiene a 500 hombres fuertemente armados. Ahora dependientes de alguien que es colaborador habitual del Centro de estudios estratégicos de Cataluña, y ha tenido una viculación con la ANC, como responsable de la comisión jurídica y de seguridad, manteniendo también una participación muy activa en la campaña por la independencia llamada «Ahora es la hora».

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Pues este delincuente, porque no se puede calificar de otro modo a quien hace apología de golpismo, y a quien considera que los presos por rebelión y sedición entre otras causas, son presos políticos, sigue realizando comentarios y manteniendo actitudes impropias de un alto cargo, cuando supuestamente debería haber una intervención desde el gobierno central. Cuando Marc, está literalmente ciscándose en Zoido, que como su jefe se mueve menos que el caballo de un fotógrafo.
Califica el 155 de un golpe de estado… y sigue siendo Director General.
Pide la libertad de los presos… y sigue siendo Director General.
Defiende la labor ilegal de Forcadell…y sigue siendo Director General.
Dice que el gobierno ha hecho un uso desproporcionado del monopolio de la fuerza… y sigue siendo Director General.
Dice que continuará trabajando con Carmen Forcadell, para conseguir sacar adelante la República Catalana… y sigue siendo Director General.
Pero es que además todo esto se permite decirlo en las redes sociales, mediante el uso de twits, …y sigue siendo Director General.
Tiene el control de las zonas rurales, por donde los servicios de información sospechan que podría dar un golpe de efecto Puigdemont, entrando y saliendo de Cataluña, y se le permite seguir al mando de todos los efectivos con cargo de Director General.
¿A quién coño queréis engañar peperos? Aplicad de una puñetera vez el art. 155, y cuantas otras leyes tengáis que emplear, pero dejar de vacilarnos, dejar de engañar a los españoles, porque todo esto empieza a parecer un montaje establecido de antemano, y este pueblo ya dividido, vuelve una vez más a dividirse en dos opiniones: la de los que creen que sois unos traidores al pueblo español que os colocó allí para defendernos; y la de los que piensan que simplemente sois unos pusilánimes y unos gilipollas incapaces de diferenciaros de una ameba, salvo porque tengáis un par de neuronas más.

Por su importancia transcribimos íntegramente el último artículo de Marc Costa, un Sr. Director General hablando de ejército y policía para Cataluña:

UNA POLÍTICA DE DEFENSA

Últimamente ha surgido un debate sobre si la futura Cataluña independiente necesitará o no de una política de defensa y, más particularmente, de un ejército. Este debate está equivocado de base ya que este no debería ser el debate,

En cualquier caso, este debate es heredero de la confusión terminológica existente entre lo que es seguridad y lo que es defensa , dos términos íntimamente relacionados, pero conceptualmente diferentes. El término seguridad se suele vincular con un estado (libre de peligros, riesgos y amenazas), mientras que el término defensa se suele vincular con una acción (las que se llevan a cabo para protegerse de estos peligros, riesgos y amenazas) , pero también se utiliza erróneamente el término seguridad para referirse a la seguridad interior (la garantía de la que se suele atribuir a un cuerpo armado de naturaleza civil, es decir, a las fuerzas policiales), Mientras que el término defensa se utiliza para referirse a la seguridad exterior (la garantía de la que se suele atribuir a un cuerpo armado de naturaleza militar, es decir, a las mal denominadas fuerzas armadas o ejércitos ).

Fruto de esta dicotomía, la mayoría de países de nuestro entorno han acabado diferenciando una y otra seguridad, como si no fueran la misma cosa o no protegieran los mismos intereses nacionales, creando separadamente ministerios diferenciados, con sus propias estructuras, políticas y estrategias también del todo diferenciadas, dando lugar a múltiples disfunciones, descoordinaciones y despilfarro de recursos públicos, como bien hemos podido comprobar en el caso español.

En cambio, nosotros tenemos la extraordinaria oportunidad de poder crear ex novo nuestro propio sistema de seguridad nacional, sin herencias y disfunciones pasadas, sin tener que diferenciar lo que es seguridad exterior o interior, seguridad o defensa, superando esta absurda dicotomía y diseñando un sistema de seguridad nacional integral, que comprenda todas las dimensiones que deben conformar nuestra seguridad, no sólo las dimensiones interna y externa, sino también la medioambiental, la económica, la energética, la marítima, la social, la alimentaria, entre muchas otras. Eso sí, sin renunciar a ninguna de ellas por absurdos motivos ideológicos.

Porque al fin y al cabo, tanto las mal denominadas estructuras de seguridad, como las igualmente mal denominadas estructuras de defensa, pretenden garantizar los mismos intereses nacionales de seguridad, es decir, la seguridad y el bienestar de nuestros ciudadanos y la integridad y la estabilidad de nuestro territorio nacional, así como, como nación solidaria, contribuir, junto con la comunidad internacional, el restablecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, en el marco de los compromisos, alianzas y tratados que iremos asumiendo.

Por todo ello, hay que configuramos un nuevo solo sistema de seguridad integral adaptado a este nuevo siglo, adaptado a los nuevos riesgos y amenazas actuales (que muchos de ellos nada tienen que ver los del siglo anterior ya partir de los cuales se diseñaron muchos sistemas de seguridad que han acabado siendo obsoletos e ineficientes) e implementamos un solo sistema de seguridad que sea sostenible y que combine la seguridad humana, con la seguridad nacional y la seguridad colectiva.

Y probablemente dentro de este sistema de seguridad integral necesitaremos de un cuerpo de naturaleza militar, debidamente preparado y equipado tanto para actuar dentro de nuestro territorio nacional, como fuera de nuestras fronteras en el marco de alguna operación o misión internacional, junto con la comunidad internacional, para garantizar la seguridad internacional, en complicadas circunstancias o en teatros de operaciones, capaz de participar en las acciones internacionales de ayuda humanitaria en casos de crisis, conflictos o catástrofes, y en el desarrollo de acciones de cooperación y colaboración internacional para la prevención de eventuales situaciones de conflicto.

Pero este es un debate que deberíamos tenemos más adelante, cuando tengamos realmente claro (que en estos momentos lamentablemente no tenemos), qué seguridad queremos para este nuevo país, y, en caso de decidir finalmente la necesidad de disponer de un cuerpo de naturaleza militar, este componente militar debería formar parte, como un eslabón más, de todo el entramado integral que debe conformar el futuro sistema de seguridad de la nueva República Catalana, junto con el resto de cuerpos y estructuras que deberán garantizar el resto de dimensiones que conformarán esta nueva concepción moderna de seguridad para nuestro nuevo país.

Marc Costa