¡Que la prudencia no nos convierta en traidores!

Con esa frase, Agustín Colomines, (historiador y periodista independentista, militante de «Bandera Roja», de esos que cobra su nómina, mes a mes, gracias a las subvenciones de los del 3%, (perdón al 4, que me quedo corto), que lleva chupando cargos públicos de confianza de la Generalidad, desde hace décadas), abre un artículo revanchista y combativo. Y con estas palabras parafrasea al que fuese presidente de ERC, Jordi Carbonell, que en el 76, en plena transición, lanzaba en una manifestación este mensaje, cuando el pueblo debatía entre la reforma y la ruptura, el repetía insistente… ¡Que la prudencia no nos convierta en traidores!
Y desde aquí , desde este Muro, hemos de decir que la frase no es mala, ojalá se la hubieran aplicado también los del otro lado, los franquistas que nos llevaron al huerto. Ojalá hubieran dicho “Que la prudencia, y la cobardía (eso último es de mi cosecha), no nos convierta en traidores”. Porque lo cierto es que la mayoría de ellos, al menos desde mi punto de vista, lo fueron; y así la prudencia, la cobardía, el interés, el chaqueterismo político y otro montón de causas convirtieron en traidores a Adolfo Suárez, al Rey Juan Carlos, a Manuel Fraga, y a un larguísimo etcétera.
Y aun así, aun siendo fruto de la traición, ese nuevo régimen político que vino de la reforma política y no de la ruptura, fue aceptado mayoritariamente… Menos al parecer, por el Sr. Colomines, el entonces republicano Carbonell y algunos que lo aceptaron únicamente por “imperativo legal”. Ahora con la distancia que da el tiempo, ahora dicen que la transición pasó demasiado deprisa, y que uno de sus mayores errores, es que los franquistas se fueron de rositas tras la muerte del dictador, que en realidad lo que se debería haber hecho… es escarmentarlos de verdad. ¿?
Cada vez me alegro más de que Franco ganara esa guerra. Porque desde luego, si la hubiese ganado toda esta caterva de sinvergüenzas, desde el rojerío militante hasta el más tibio socialista, desde los nacionalistas catalanes hasta los nacionalistas vascos; anarquistas, chequistas, chaperos de la unión soviética, brigadistas internacionales, y demás ralea, no habría quedado ni uno de sus adversarios políticos. Si 80 años después de la guerra, todavía dicen que la pena es que los franquistas se fueran de rositas… ¿ Qué hubieran hecho en el año 39? hubieran ardido en piras, en las plazas públicas de todos los pueblos de España.
Todavía hoy, apenas despunta el alba del año 2018, y siguen trabajando en el revanchismo de la Memoria Histórica, (esa es su genética, el revanchismo), ¿alguien cree que si esta gentuza hubiese ganado la guerra se habrían enterrado juntos a los combatientes de ambos lados, en un hecho sin precedentes en el mundo, en aras de la auténtica reconciliación de todos los españoles? Como hizo Franco en el Valle de los Caídos. ¿Alguien cree que el año 64, cuando se celebraban los 25 años de paz, ya sin presos del lado de los vencidos en las cárceles, hubiera sido igual, de ganar estos matasiete? Aún estarían presos los franquistas, para los que hubiera habido tolerancia cero, reconciliación cero y piedad cero. Vamos, aproximadamente la misma que tuvieron los aliados en el resto de Europa con los vencidos. Y si no recordemos la figura de Rudolf Hess al que se mantuvo en prisión hasta los 93 años, y cuyas cenizas fueron esparcidas en el mar, para que nadie pudiera depositar una flor en su tumba. Recordemos en España, el veto a homenajes a nuestros líderes, a la publicación de libros, a la participación en tertulias, al saludo romano palmalcielo, recordemos… y hagámonos una idea de lo que hubieran hecho si se hubieran ceñido ellos los laureles del triunfo y hubieran saboreado las mieles del éxito, en vez de las hieles de sus amargados hígados.
Pero ahora además se encuentran crecidos, presumen de que durante la transición no pusieron al estadio olímpico de Barcelona el nombre de Samaranch, (a pesar del renombre internacional innegable en el mundo del olimpismo de este señor). Y no le dieron su nombre, a pesar de ser barcelonés y no faltarle méritos… porque era antiguo falangista, y al enemigo ni agua, condenado al silencio; como hicieron también con el grandísimo Dalí, que había manifestado publicamente su simpatía por los colores azules.
Están crecidos y dicen que la Cataluña de 2018, ya no es aquella débil y dócil Cataluña de los 80, dicen que se mantendrán firmes en la defensa de una hoja de ruta que debía conducirlos al 27 – O, como consecuencia del mandato obligado del 1-O. Dicen que los medios de comunicación españoles están cargado de xenofobia y mentiras, y desde ellos se justifica la violencia, la inequidad, la arbitrariedad. Y en un bravuconeo estúpido desde detrás de su escritorio dice muy A gustín Colomines, que hay que asumir las consecuencias, resistir el tirón, que los timoratos deben retirarse de la primera línea que hay que defender lo ganado y no aceptar las condiciones de rendición, que el MHP Puigdemont, (la primera sigla, la M sabía que era “muy” o «molt», pero no tenía tan claro lo que significaban las otras dos, HP), no debe perder legitimidad, la legitimidad republicana que se encuentra encarnada en el president Carles Puigdemont. Que hoy hay que plantearse como comenzar la remontada, porque si no estarían traicionando el espíritu del 1-0.
Desconocemos si este tiparraco, Colomines, sabe jugar al mus, pero esto es un claro envite. Y como decía un gran amigo mío. Si llevas… llevo.

Y en la defensa de la Unidad de España, siempre llevo… Envido más…