Puigdemont a prisión

La convocatoria de las elecciones autonómicas ha puesto en bandeja un triunfo para Puigdemont. La genialidad de Rajoy supone que hasta a nosotros nos cuesta ahora señalar que, a pesar de los resultados, según Puigdemont entre por la frontera, en caso de que lo haga, deber ser conducido a prisión por dos policías nacionales y por dos guardias civiles. Y, por cierto, permanecer en ella hasta el cumplimiento íntegro de su condena.

Sabemos que esa medida será difícil. Que internacionalmente las cosas se han puesto peor. Rajoy ha tomado la genial decisión de convocar unas elecciones que, por mucho que el partido más votado haya sido Cs, quien las ha ganado ha sido el separatismo. Es complicado vender la prisión de un cargo recién respaldado electoralmente.

Es complicado pero obligado. Es  rigurosamente cierto que Puigdemont ha delinquido. Es rigurosamente cierto que la posibilidad de que siga haciéndolo desde el puestecito de Presidente de la Generalidad que Rajoy le ha facilitado  es evidente. Prisión preventiva, juicio y cumplimiento de condena. Es el estado de derecho.

El discurso de la conveniencia o no de la prisión de Puigdemont se pondrá sobre la mesa. Si la prisión de Puigdemont va acompañada del inicio de una pedagogía contraseparatista firme puede  ser el inicio de la reversión de la victoria ideológica que actualmente disfruta el secesionismo frente a España.