PP bueno, PP malo

La insulsa carrera hacia la Secretaría General del PP, sin broncas, todo fair play y buen rollo, todo integración, tiene algo de maquetado, maquillado o impostado. Según la encuesta de IMOP Insights para El Confidencial y que el digital publica hoy, un 45,2% de los posibles votantes en las elecciones a mandatario de Génova13 lo harían por Soraya Sáenz de Santamaria. Soraya, la chica de Rajoy, la enterradora del españolismo en Cataluña, incapaz de una posición gallarda ante el golpe de Estado soberanista en Cataluña, la dueña de las escuchas y las cámaras del CNI, incapaz de que se le escapase Puigdemont por la frontera (o responsable de que lo hiciese), es la preferida de los votantes y simpatizantes del PP. Y, si les preguntas, dicen estar por el cambio, por tirar de la manta y abrir un nuevo proceso en el partido, libre de las ataduras de las corrupción de antes.

No. No cambia nada.

El PP bueno y el PP malo. La vieja dicotomía en la que mantienen a sus votantes corriendo por la noria de la ratonera, moviéndose mucho sin ir a ninguna parte. El PP bueno que está en la calle, el viejo PP de Anzar -hoy de Casado, según alguno de sus contrincantes-, por el que han estado votando los españolitos del centro derecha; el PP malo de Rajoy, de la corrupción oculta tras un plasma, que han estado votando los españolitos del centro derecha durante los últimos 20 años con la nariz tapada, resulta que es el preferido por el 45% de los votantes del PP. Curioso, ¿no?

Bueno, esto es así. Tal vez porque no exista un PP tan malo. Tal vez porque los votantes del PP tengan todo el derecho a practicar el masoquismo y hacernos padecer al resto su sadismo. O tal vez porque no exista un PP bueno.