Postureo político

Define el postureo el Diccionario de la lengua española de la RAE, esa institución tan odiosa para la ministra Calvo, como la actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción. Lo que más llama la atención del neologismo es, precisamente, que lo sea y que no tuviésemos antes de ponerse de moda otro vocablo que recogiese con tanta precisión la actitud con la que convive diariamente la clase política. Porque, ¿cómo entender la fotografía de un Pablo Casado dando la mano a los negros recién desembarcados de una lancha de Salvamento Marítimo si no es por postureo? Máxime cuando horas antes advertía del peligro de aceptar a todos los inmigrantes que se decidiesen a cruzar nuestras fronteras.

Hoy Pablo Casado ha probado su propia medicina. Lo hacía al llegar a La Moncloa y posar con el presidente del Gobierno. Postureo por parte de ambos líderes, con el bluf de la renovación Casado y el boom de la proyección Sánchez. Hace unos días se criticaba al presidente del Gobierno por haber declarado que no convocaría elecciones porque, de hacerlo, las ganaría la derecha; hoy, el CIS que controla, dice todo lo contrario: Sánchez ganaría las elecciones si se efectuasen mañana.

Casado ha pasado de ser el coco de VOX a poco menos que nada con una simple foto. Quienes estuviesen viendo en él la renovación del partido de la gaviota y la escusa para no tener que cambiar el voto que mantienen desde hace treinta años, vuelven a replanteárselo porque, evidentemente, sigue siendo uno de esos niños de las NNGG acostumbrados a las bandejas de canapés de los Congresos y a ondear una bandera del partido en el estrado de oradores. Educado, sin duda; pegada, casi nula.