¿Por qué lo llamamos «Procés» cuando podíamos llamarlo eucaristía nacionalista?

¿Por qué hacemos de la proclamada -y segundos después anulada- República catalana un proceso político cuando tiene y cuenta con tintes y actores que incardinan valores y sentimientos más cercanos a la mística religiosa? ¿Cómo pueden estar pasando inadvertidos, en estos días de increencia, los gestos de martirio e inmolación del que dan cuenta los dirigentes encarcelados del proceso separatista?

El exvicepresidente de la Generalidad de Cataluña Oriol Junqueras y el ‘exconseller’ Raül Romeva han afirmado que no tendrán un juicio justo y han pedido a los ciudadanos «actitud cívica» pase lo que pase, en un artículo publicado este lunes en ‘La Vanguardia’.

Auguran que en otoño, cuando previsiblemente se celebrará el juicio sobre el proceso independentista catalán, serán «unos días difíciles», por lo que reclaman transformar la indignación en coraje y perseverancia para no desfallecer. «Hoy nos sentimos más fuertes que nunca», empiezan su escrito ambos dirigentes, que lamentan no contar con una instrucción justa, y prevén no tener un juicio justo.

«Estamos acusados de unos delitos que no hemos cometido basados en una violencia que no ha existido», observan, y auguran un juicio político. A su juicio, se trata de «una vergüenza democrática en un marco general de innovación de derechos y libertades en España».

«Pase lo que pase este otoño, pedimos a todos siempre una actitud cívica. No dejéis que el rencor se apodere de vosotros por injusto que pueda ser», dicen. Y subrayan: «No permitáis que el resentimiento contra aquellos que nos quieren en la cárcel guíe vuestros pasos. Serán unos días difíciles. Y debéis manteneros fuertes y unidos».

Aceptan que «si el precio de la libertad es una larga prisión», lo asumirán, convencidos de que cada día privados de libertad es y será una vergüenza para quien pretenda homologarse a una democracia de primera.