Por qué ganamos la guerra. Por Manuel Escolano.

Se diría que todo el afán del la izquierda revolucionaria de este país es no dejar descansar la Guerra Civil.  Recuperar hechos y acontecimientos, héroes y asesinos.

Realmente, lo que quieren es el olvido.

Porque no hay mayor olvido que el contar las cosas como no pasaron. Convencer al personal de lo que nunca ocurrió.

Vamos a hacer memoria. Memoria histórica.

La guerra civil la perdió  (sí, sí, la perdió, por si se le ha olvidado a alguien) el bando llamado Republicano. Y digo llamado, por son ellos los que se llaman así, pero no porque lo fueran: eran revolucionarios. Estaban del  lado del gobierno republicano legalmente establecido (de aquella manera, pero era el gobierno legal)… pero ni  eran ni republicanos ni demócratas: eran revolucionarios (comunistas y anarquistas… y socialistas de los de armas tomar, no olvidemos), traidores separatistas… y una minoría de republicanos. Que no se me equivoque nadie: la República, sobre todo la del Frente Popular, no tiene nada que ver con la monarquía constitucional actual. Se quemaban iglesias, se ocupaban tierras, se asesinaba al enemigo político (sobre todo si era sospechoso de ser de derechas, aunque no se le hacía ascos a nada), etc… de demócratas, lo siento, nada de nada.

Decir, como se dice hasta la saciedad, que Franco se levanta contra el gobierno legalmente establecido de la República democrática, benevolente, progresista, moderna,  y respetuosa con las ideas de todo el mundo, es un insulto a la inteligencia: que nadie dude que los primeros responsables del Alzamiento son los gobernantes, partidos, sindicatos, milicias (y asesinos directamente), de la izquierda española. Desde ERC hasta el PCE, pasando por el PSOE. Franco no se levanta contra un gobierno (ni siquiera un  desgobierno), si no contra el peligro real de la destrucción de la Patria, y la implantación de un estado revolucionario.

Pero… como es que ganamos la guerra?

Cuando se produce el Alzamiento, la República mantiene bajo su control todas las grandes capitales de provincias: Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao… además del Banco de España (cuando el patrón era el oro – tercera reserva mundial- y no el dólar). El ejército. La inmensa mayoría del generalato. La práctica totalidad de la marina, la aviación, y la guardia de asalto. La mitad de la Guardia Civil. Las brigadas Internacionales.

Pero, perdieron.

¿Perdieron por cobardes?  No. ¿Perdieron por falta de fe, convencimiento, honradez en sus ideas? No. ¿Por falta de medios materiales? No y no.

Los soldados republicanos pelearon con valor, y con mucho valor,  en la inmensa mayoría de las ocasiones.

Los soldados republicanos estaban, en su mayoría, fuertemente ideologizados y convencidos de la justicia de sus ideas. Muchos, muchos, luchaban por lo que honradamente  creían era un mundo mejor.

Los soldados republicanos estaban muy bien equipados con el material bélico adquirido a cambio del oro del Banco de España. La tercera reserva de oro mundial, nada menos. Y pagado por adelantado: en octubre del 36.

Perdieron porque estaban en manos de botarates, incompetentes, politicastros y vendepatrias. Perdieron porque los partidos iban cada uno a la suya. Porque los separatistas, como siempre y desde siempre, fueron unos traidores que trabajaban solo para sí, en contra de todo y de todos, monarquía o república. Perdieron porque sus líderes pusieron sus ansias de poder y su partidismo por encima de la victoria.

Sus líderes fueron asesinos doblemente: con el enemigo  y con los suyos, a los que mandaban al matadero en manos de comisarios políticos inexpertos.

Todo el mundo habla de los heroicos milicianos republicanos. Un miliciano es un militar irregular. Es aquel que no va “por quintas” al ejército regular, pero quiere pelear. Y se apunta a la milicia que monta pues,  su sindicato, su partido, su agrupación vecinal, o la Banda de Música de Tambores y Cornetas del Parque del Retiro.

Pero también hubo ”milicianos” en el banco nacional. Se llamaban Tercios de Requeté, o Banderas de Falange. Españoles fuera de reeemplazo que acudían a las armas para salvar a su Patria. Estaban peor pagados y peor equipados que las milicias comunistas o anarquistas, pero resultaron inmensamente más efectivas.

A la gente de mi cuerda nos  gusta creer que los nuestros eran más valientes y tenían más fe. Puede ser (de hecho, estoy firmemente convencido de ello). Pero del otro lado luchaban españoles también,  y me resisto a creer en su cobardía: lo que cambiaba radicalmente la situación eran los mandos, militares y políticos. Mientras en un lado había militares profesionales del ejército regular (capitanes y comandantes, sobre todo), en el otro lado dirigía un comisario político incompetente, y las más de las veces delincuente,  cuando no un asesino de manual.

La causa de la pérdida de la guerra la tienen los republicanos en su misma denominación, falsa, de tales: no eran republicanos eran revolucionarios. La causa de la victoria la tienen los nacionales en la verdad de su denominación: nacionales. La Patria y su salvación estaba  por encima de todo. Y así lo entendían desde los dirigentes hasta el último soldado , fuera del ejército regular, componente de un Tercio, o alistado a una Bandera.

¿No había diferentes ideologías en el bando nacional? Pues, mire usted: desde monárquicos alfonsinos hasta carlistas (tres guerras entre sí llevaban a sus espaldas, a lo largo de todo el siglo XIX). Revolucionarios falangistas y conservadores (lo mismito una cosa que otra). Hasta republicanos como Queipo y masones como Cabanellas había, nada menos. Cuando se alcanza la victoria, los tradicionalistas tragan con un sucesor que es nieto de Alfonso XIII, y los falangistas con dejar pendiente la revolución. Todo por España.

Recomiendo tres libros que sostienen estos argumentos. Son difíciles de encontrar; el primero, por descatalogado. Los otros dos, por ser prohibitivo su precio.

El primero es “El Tercio de Lácar”, de Carmelo Revilla. En él, el autor relata muchas peripecias (es el Diario de Operaciones del Tercio), pero lo más interesante son dos circunstancias mencionadas de forma tangencial: su pertenencia a Falange, y su ascenso a alférez provisional. Sí, sí: falangista… pero no tiene ningún problema en que le adscriban, por razones logísticas,  a un Tercio del requeté. Pone la hermandad de combatiente y el objetivo común  por encima de la pertenencia a una ideología. Lo hace de forma natural, y estará orgulloso de su pertenencia al Tercio toda la vida.

La segunda circunstancia, la de promocionar a alférez provisional, es también esclarecedora: lo consigue acudiendo al curso de alféreces provisionales que daba el Ejército. No el requeté. El intento de Fal Conde de crear una Escuela de Alféreces Provisionales del Requeté dio con sus huesos en Lisboa del bufido que le pegó Franco. El Tercio de Lácar lo mandó siempre  un comandante o un teniente coronel… del  ejército. Luego, el tal oficial podía ser de falange, del requeté o del Atlético de Madrid.

El segundo libro es “La Guerra Civil española: Revolución y Contrarrevolución”, de Burnett Bolloten. A diferencia de otros, no es una historia de la Guerra Civil con alusiones a la política (sobre todo, internacional), del Frente Popular;  es la historia de la evolución política (vale decir, de las luchas intestinas) del Frente Popular… con el trasfondo de la Guerra Civil. Es decir, se centra en lo político, y se refiere a  lo militar como marco histórico, como la circunstancia en la que se mueve todo lo demás.

El tercero, y último, es “Un coronel llamado Segismundo”, de Francisco-Félix Montiel .  En este último libro, se reflejan las conversaciones mantenidas en París por varios dirigentes comunistas, después de la guerra, buscando respuestas para la pérdida de la misma. Buscan respuestas a través de preguntas:

  • ¿Por qué nombran Jefe del Estado Mayor Central a Segismundo Casado, si no era comunista?
  • ¿Por qué se rinde la república cuando obra en su poder un ejército operativo de medio millón de hombres, sobre todo cuando Negrín buscaba desesperadamente la prolongación de las hostilidades, para unir el conflicto español y su desenlace con la inminente Guerra Mundial?
  • ¿Por qué se rinde la república cuando están en sus manos las principales ciudades de España? Madrid, Barcelona, valencia, Alicante, Cartagena…
  • ¿Por qué se retiran las Brigadas Internacionales después de la Batalla del Ebro, cuando son más necesarias?

La respuesta a la primera pregunta es que a Casado lo ponen para que se rinda. Los dirigentes comunistas (Carrillo, Pasionaria, Líster, Rojo, José Díaz, etc), no se rinden. Se las piran.

La respuesta a las últimas tres está en el tratado que firman Ribbentrop y Molotov 5 meses después del fin de  la Guerra civil española, y 8 días antes del comienzo de la II Guerra Mundial, repartiéndose Polonia, y asegurándose la no-agresión mientras Hitler atacaba a Francia y a Inglaterra.

La conclusión es que Stalin, en referencia a la guerra de España, estaba más interesado en la guerra en sí misma  y en la posibilidad de que las democracias occidentales se engancharan con Hitler, que en la victoria final.