Podemos: lecciones de patriotismo a vuestra puta madre. Por Eduardo Arias.

Pablo Iglesias, Irene Montero, Teresa Rodríguez, Podemos en una palabra, vienen perfilando un nuevo discurso en el que la internacionalista extrema izquierda, ante la fiebre rojigualda, intenta arbitrar algunos argumentos que le permitan presentarse como ejemplos de patriotismo. Más o menos su cantinela es que ser un patriota es fomentar los servicios públicos y preocuparse de los derechos sociales de la gente. Su cantinela quiere negar, además, que ser un patriota sea emocionarse con el himno nacional o mostrar orgulloso la bandera de España en un balcón, en una pulsera, en una insignia… Como en tantas otras cosas, la extrema izquierda, para quien la Patria ideológicamente es un engorro, no tiene razón, miente cuando se hace pasar por patriota y encuentra el aplauso tonto sólo de tontos acomplejados.

Ser un patriota es, esencialmente, amar a la Patria. Y, en función de ese amor, estar dispuesto a trabajar por ella y correr riesgos por ella. La Patria es un ente moral no material. Es alma y no panza. No es llenarnos las tripas sino llenarnos el corazón. Y su significado abarca la vida completa de un pueblo, con sus aciertos y sus errores, al que la historia ha unido. La Patria no es el conjunto de ciudadanos vivos en un determinado momento. La Patria es los que fuimos, los que somos y los que seremos, cuanto hemos hecho juntos como pueblo y el lazo espiritual que nos une por tantos sucesos trascendentes, dolorosos, alegres, emocionantes, tristes, terribles o hermosos vividos juntos. Ese patriotismo, que no tiene ideología, se manifiesta externamente en una serie de símbolos que representan, en unos pocos colores, todo lo anterior. Símbolos que, por lo que suponen, son sagrados y que cuando se muestran, expresan amor y orgullo. Amor a la Patria y orgullo por lo que la Patria ha sido.

Nosotros, que tenemos ideología política, no negaremos su patriotismo a aquel que no la comparta. Posiblemente, la muestra más grande de patriotismo es la de estar dispuestos a poner la vida en juego por ella. Desconocemos la ideología política de los españoles que perdieron en Guadalete contra los moros o que ganaron en las Navas de Tolosa contra otros moros, que formaron en los Tercios, que combatieron contra Francia por nuestra independencia, que lucharon en Filipinas o en Cuba, que murieron en Marruecos o en Sidi-Ifni o en el Sahara, o en Vascongadas por ser españoles o vestir un uniforme con la bandera de España en la manga de la guerrera. Fuera cual fuera su ideología, la inmensa mayoría de ellos, en lo más profundo de su corazón sintieron, antes de morir, que lo hacían orgullosos de sí mismos por amor a su Patria y deseaban una bandera, un himno, unos símbolos en su entierro que mostraran el orgullo de la Patria por ellos, por su sacrificio.

Sinceramente, veo complicado que un profesor de Universidad, como Pablo Iglesias, o una diputada como Irene Montero o Teresa Rodríguez pudieran mirar a los ojos de alguno de estos soldados y decirles algo así como que si no crees en los servicios públicos en los términos en que lo hacemos los de la extrema izquierda, puede que hayas perdido la vida enarbolando la bandera de España el mismo día en que por la mañana escuchaste emocionado el Himno Nacional mientras se izaba la bandera y sabías que horas después pondrías tu vida en riesgo por España, pero no eres un patriota.

La extrema izquierda, la sucia extrema izquierda, siempre mentirosa porque su fin justifica sus medios, presencia preocupada que en España, contra toda lógica, aún existe patriotismo. Lo observa tan preocupada, que al mismo tiempo que le ofende y le hace daño, tiene hasta que disimularlo. ¿La Patria son los servicios públicos? ¿Un liberal no puede ser un patriota? ¿En EE.UU, donde los servicios públicos no son los mejores, no son patriotas? ¿Quiénes crean en la sanidad privada o en la educación privada no pueden ser patriotas?

Sin duda, hay que reconocer que la Patria, en los términos en que la extrema izquierda no lo entiende, genera un ámbito de solidaridad y unas fronteras, que la extrema izquierda tampoco reconoce, para proteger ese ámbito de solidaridad, de derechos, de libertades y, también, de deberes. En la medida en que muchos beneficios sociales se obtienen por quienes no pueden pagárselos en función de la existencia de ese ámbito de solidaridad, sólo explicable en función de ese lazo espiritual entre los hombres y mujeres que forman un pueblo, es cierto que todo aquel que crea en la necesidad de profundizar en esos beneficios sociales debiera ser un patriota, cosa que no sucede en la extrema izquierda, porque la extrema izquierda nunca ha entendido que solo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener Patria.

Una manera de cultivar esa solidaridad es fomentar ese lazo espiritual que une a unos hombres con otros como miembros de una misma nación. Es bueno para ello fomentar todo aquello que une y no que separa, es buena hablar de unidad y no de derecho a separar, es bueno hablar en el mismo idioma y no en idiomas diferentes, es bueno amar nuestra historia con lo bueno y con lo malo y no falsear lo bueno para convertirlo en malo, es bueno amar los símbolos que representan la Patria como forma de expresar el amor a la Patria. En definitiva, es bueno hacer todo lo contrario a lo que hacen Pablo Iglesias, Irene Montero, Teresa Rodríguez y Podemos.

Supongo que, ante unas líneas como estas, la extrema izquierda saldrá entonces con aquello de la solidaridad internacional, la solidaridad con todos los parias de la tierra. Pues que apunte la extrema izquierda lo siguiente: las ONGs hacen una mierda en comparación con lo que puede hacer una Nación, una Patria. La vía para la solidaridad internacional, como para la solidaridad entre miembros de una nación, es la Patria. Eso era la España que odian: la España que abrió y cerró el planeta e intentó, y en nuestra opinión consiguió, construir un mundo mejor, con un enorme esfuerzo, para un montón de seres humanos en todo el planeta. Esto también es la Patria quien puede hacerlo. Eso fue, es y será España.

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