Pedro Sánchez traiciona a España en Cataluña. Por Juan E. Pflüger

La reunión entre Pedro Sánchez y Joaquín Torra es la escenificación de la traición a España. El presidente socialista de España ha dejado clara que nuestra patria le importa bien poco. Está dispuesto a negociar con quienes quieren romperla, con delincuentes y criminales. Es lo mismo que negociar con asesinos, o peor. Porque el asesino mata personas, el separatista mata un país. Destruye nuestra patria y enfrenta a los españoles.

Ahora Sánchez traiciona a España cediendo ante algunas de sus exigencias, no sabemos cuales, pero nos da igual. Ceder, cuando se tiene en la mano todos los resortes para terminar con el desafío separatista en traicionar a España. Es darles una salida a quienes se han puesto frontalmente contra millones de Españoles y siglos de historia común.

Es, permítaseme la expresión, bajarse los pantalones ante un desafío, sentar un precedente y explicar cuál es el camino para destruir nuestra patria.

“Normalizar la situación” dice el miserable moral que preside nuestro gobierno, cuando lo que está haciendo es romper nuestro futuro en común. Es robar a los españoles más soberanía porque rompe la base de nuestro ordenamiento que es la soberanía nacional. España no le pertenece, él es un gestor. España pertenece a todos los españoles. Los que hoy poblamos este país, los que nos lo legaron e hicieron grande, y los que están por venir. Y Sánchez no tiene ningún derecho, es más, cometería un grave delito de traición si rompe ese principio.

Si Sánchez decide ceder un ápice –demasiado han cedido ya socialistas y populares- debería ser denunciado, juzgado y condenado por traición. Porque cuando prometió su cargo se comprometió a defender España, y lo que está haciendo todo lo contrario. Está pactando con los enemigos de España.

Si algo hemos aprendido a lo largo de la historia es que los enemigos de nuestra patria, los de dentro y los de fuera, están pendientes de la mínima oportunidad para destruirnos. Así fue durante el Imperio, y así fue durante la Segunda República. Y el drama de España es que ahora tiene de presidente del Gobierno a un miserable, a un traidor que está dispuesto a romper nuestra soberanía, nuestra unidad y nuestra historia.

Con esta maniobra, todo español que se precie solo puede esperar que la historia y la justicia pongan a Sánchez donde se merece, en prisión por el delito de alta traición que está cometiendo. Que acompañe a los líderes separatistas en su –esperemos- largo periodo en prisión.