Pablo Casado, nuevo presidente del PP

A Soraya Sénz de Santamaría había que votarla porque era mujer y porque representaba el Partido Popular de Mariano, encarnaba las inquinas de la izquierda revanchista y del sanchismo usurpador y porque era la lista más votada y la votada más lista. A Casado llegó a recriminarle que se presentase a la segunda vuelta. Ella, mucho más elegante, de haber sido segunda -dijo- habría cedido amablemente el puesto al triunfador de las primarias. Bueno, pues resulta que el aspirante al título le ha robado la cartera a la vieja defensora del cinturón, a la que permitió la fuga de Puigdemont por la frontera de la Junquera (no nos cansaremos de repetirlo), al delfín entrado en kilos de Mariano y dueña de las llaves del aparato político de Génova. Ahora tiene una ocasión única de hacer mutis por el foro y poner los menos palitos posibles en las ruedas al nuevo presidente.

Casado tendrá unos primeros días de gloria. La tregua de las televisiones se acabará cuando descubran que el chico de Aznar viene a hacer carrera política a costa del chico de Soros, Pedro Sánchez. Entonces recuperarán su currículo y buscarán el máster perdido. Intentarán equipararle a VOX en el espectro político sin advertir que, entre sus apoyos y gente de confianza, se encuentran los homosexualistas, las feministas, los ex ministros que auspiciaron el procés y los que cebaron la insurrección judicial contra el voto particular y honesto en el caso de La Manada. Casado es una nueva foto en un viejo marco. Ni hay ni habrá regeneración; hay continuidad y herencia, nada más. Hereda porque es joven y, llegado el momento -como lo ha visto llegar Mariano- pasará el testigo. Es centro travesero, más proclive a inclinarse a izquierdas que a derechas, como todo en el PP, a años luz de tener una idea de España, territorial, económica, social y culturalmente como la que pueda tener un partido de derecha nacional o de derecha liberal. Es más de lo mismo, solo que ahora ya hay a quien compararlo.

Haremos la prueba del algodón al ver a quién trata mejor el sistema en las próximas elecciones. De momento, que disfrute la victoria.

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