Otra aburrida tarde de rojos

La Sexta y Cuatro, Cuatro y La Sexta, Franco, el Pazo de Meirás, los collares de doña Carmen, la Fundación Nacional Francisco Franco, las cunetas con más muertos que el metro en hora punta, el Valle de los Caídos, otra vez Franco, Franco, Franco…

La recurrente movilización de la izquierda casposa es tan alucinante como cansina. La ignorancia de las castas más bajas, intelectualmente hablando y en una España en la que cualquier tonto tiene un máster, es inmarcesible. Hecho, este, aprovechado por la caterva de presentadores y líderes políticos que, viviendo en mansiones a la sombra del monumento a la reconciliación proyectado por el dictador, azuzan las iras del populacho hacia el lugar de descanso eterno de miles de españoles, contrarios al general y dignos defensores con su sangre de los valores en los que decían creer, por los que dieron la vida y que hoy son esgrimidos y aprovechados por vividores del cuento democrático y los principios republicanos.

En el marasmo de ideologías y tendencias políticas en el que ha basado Pedro Sánchez su gobierno, la argamasa del franquismo une más que una noche crapulosa de parranda y putas. Y sin rubor, sin un atisbo de vergüenza, los energúmenos de la pluma y la alcachofa muerden, como los perros que son, la pantorrilla más débil mientras jalea la gentuza.
Ayer fue la FNFF. No es trigo limpio todo en ella. No la inventó Franco y, muchas veces, ha servido a intereses muy alejados a sus fines y ha dado cobijo a personajes que poco o nada tenían que ver con la obra del anterior jefe de Estado. Pero la izquierda la utiliza y consigue que cumpla sus metas. Mirada bajo la luz de los prebostes izquierdosos, la FNFF es el baluarte de la extrema derecha, la piedra de toque de la democracia, el ogro de las libertades. Y una fundación dedicada al estudio de la obra Franco es capaz de reunir el voto y el ánimo de anticapitalistas, comunistas, anarquistas, socialistas, etarras, separatistas, feministas, maricones, lesbianas y lagartos.

En la España de los Pujol, los Eres y las Gürtel, la señora de Franco se llevó un collar de perlas de una joyería a punta de pistola, ¿lo sabían?