No hay salvación en el Parlamento

Iglesias ha visitado a Sánchez en La Moncloa. A su salida, ha expresado un deseo en voz alta, camuflado entre el sentido general de sus soflamas. “Cuando sea presidente” -dice Iglesias. Sabe que el puente está tendido y que, como los pulpos, una vez fijado el primer tentáculo, la presa puede darse por perdida. Sánchez tiende el puente e Iglesias tomará España al asalto.

Hoy, de momento, ha planteado una reivindicación en veinte puntos, algunos (unos pocos) sensatos; los más, exigencias imposibles para que los familiares del secuestrado no puedan pagar el rescate.

En el PP y en Ciudadanos se han enfadado mucho con Sánchez por haber abierto La Moncloa a los podemitas pero en el viaje hacia la marxificación total de España son tan culpables como el que más. Sin caer en los tópicos de siempre nos gustaría establecer algún paralelismo entre lo que viven hoy los venezolanos y lo que nos espera a los españoles si no reaccionamos a tiempo.

El que cede un poco, cede poco a poco. Lo que ya ha conseguido la izquierda no lo ha hecho con una nueva Ley de Memoria Histórica: lo ha hecho reviviendo lo que hizo en su momento la izquierda. Si 86 diputados nos parecen pocos para que tomen las riendas del país los etarras y los independentistas piensen en las elecciones perdidas por el Frente Popular en febrero del 36. Y, volviendo al relato histórico, conviene no olvidar los antecedentes de corrupción de entonces en la derecha y el final al que España se vio abocada.

Por eso no hay salvación alguna en el Parlamento. La que pueda evitar el desastre está fuera dividida en varios bloques. Si no se encuentran en algún punto el final se nos antoja dramático.