Ni Historia ni Memoria, solo odio y rencor. Por Eduardo García Serrano.

Ese contrafuero conceptual al que el rebaño seudointelectual de Casa del Pueblo bautizaron como Ley de Memoria Histórica es la herramienta que el Parlamento español manipula al arbitrio de sus filias y sus fobias entre la cobardía de la derecha y el odio de la izquierda, quienes, contraponiendo los rostros de la Historia y el Mito en un falsario ensamblaje de recuerdos inventados para aderezar y justificar cada uno su propia biografía, pretenden ganar una guerra que, afortunadamente, perdieron y hacer olvidar la entusiasta colaboración que la mayoría de ellos y, desde luego, los papás de todos ellos, prestaron durante 40 años al Régimen del general que les venció, y gracias al cual, del Rey a Pablo Iglesias disfrutan todos del privilegiado estatus en el que solazan.

Ahora pretenden llevar más allá su propia vileza dándole un nuevo desarrollo a la Ley de Memoria Histórica con la creación de la orweliana Comisión de la Verdad, en virtud de la cual todo aquél que resalte los hechos objetivamente positivos de la victoria del Ejército Nacional en la Guerra Civil y del posterior Régimen del Generalísimo Francisco Franco será reo de cárcel, de desproporcionada sanción económica y de oprobio social. Por supuesto que la II República, la Guerra Civil, lo que Franco fue, lo que pretendía y lo que hizo no cabe en las simplezas giliprogres de la izquierda ni en la boba cobardía del PP ni en la memoria individual de nadie, pero sí en la Historia que es ése reloj que sigue marcando su tic-tac en la cuna y en la tumba de los hechos, de los hombres y de los pueblos.

Por eso la quieren borrar, reinventar y reescribir sin tomarse la molestia de recorrer la distancia entre los hechos y sus causas, para ofrecernos un relato maniqueo en el que Franco y los nacionales eran malos, malísimos, satánicos y ése saco de pus que fue el Frente Popular y sus herederos fueron y son buenos, buenísimos, arcangélicos. Siendo así que, para los españoles que aún no han nacido, mis hijos y yo seremos los vergonzosos y apestados descendientes de un falangista alférez provisional de Infantería, y Zapatero y sus niñas los honorables vástagos de un heróico combatiente por la paz y la democracia y por los derechos civiles de bujarrones, okupas y separatistas.

Lo que en realidad están haciendo la izquierda y los separatistas, con la impagable colaboración de su bufón parlamentario, el PP, con su amnesia histórica es la codificación del odio y del rencor socapa de una ley tan antigua como la miseria moral de todos ellos: la Damnatio Memoriae. Condenar, borrar el recuerdo de un hombre y de sus obras del pasado, del presente y del futuro era para el Senado Romano, después de la muerte física, la más vengativa y destructiva arma política. Exactamente éso es lo que pretenden hacer con Francisco Franco silenciando que fue sólo el Terror Rojo el que forzó las puertas del Pretorio para que las Legiones Nacionales cruzasen el Rubicón por el Estrecho de Gibraltar el 18 de Julio de 1936. Pues tal y como dejó escrito el demócrata y republicano Gregorio Marañón: “Los que contribuimos a traer el Terror Rojo no tenemos derecho ni legitimidad moral para condenar el franquismo. A ver si la Comisión de la Verdad le quita también la plaza y el hospital que llevan su nombre en Madrid.

2 Comentarios

  1. magnífico Eduardo, estos Rojos es para lo único que valen, para tergiversar la historia a base de mentiras que la juventud de hoy se las cree de tanto repetirlas. Un abrazo Eduardo

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