Mucha presencia de catalanes apoyando a España en los Juegos del Mediterráneo

El Consejero  Maragall  ha denunciado  que el público de los Juegos «era escogido y controlado», todo ello porque su ego no puede admitir que en su molt estimada Cataluya
Gisela Rodríguez se propagasen las banderas españolas, los gritos de Viva el Rey y una muy contundente pitada al presidente Quim Torra.  También hubo aunque en menor medida pancartas en apoyo a los politicos presos y una pequeña pitada al himno nacional Español.

Dicen los cabreados separatistas, que se escogió al público que por eso había muchos asientos en el estadio vacío, y que por eso el público fue mayormente españolista y no putos indepes, y es que cuando las cosas no salen bien… se enfadan. Por eso el Consejero Ernesto Maragall se dedica a mandar tuiter, en los que dice que había «mucho Estado con olor a naftalina.»   También se queja de que había Fuerzas policiales de todos los colores, para terminar diciendo:

«España tiene Jefe de Estado y Catalunya no tiene rey». El palco de los Juegos del Mediterráneo la presidían, por este orden, Felipe VI, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, el presidente del Comité Internacional de los Juegos Mediterráneos, Amar Addadi, el presidente del gobierno catalán, Quim Torra y el alcalde de Tarragona Josep Fèlix Ballesteros.

Este último ha negado que se regalaran entradas a Vox o a la Sociedad Civil Catalana como afirman lo soberanistas catalanes,  «se han dicho muchas tonterías»,  ha matizado.

 Además, Ballesteros ha asegurado este lunes que la mayoría de las entradas para la inauguración puestas a disposición del público se vendieron y que las localidades que quedaron vacías respondían a invitaciones o compromisos. Concretamente, se vendieron 6.793 entradas de 7.000, que eran el objetivo de la organización.

Según el alcalde, había 13.518 localidades que contaban con que se ocuparan de un aforo de 14.000 asientos. Así, los espacios vacíos del estadio respondían, según Ballesteros, a atletas que se marcharon después del desfile sin ocupar los 3.000 asientos que se les tenía que reservar obligatoriamente, y a miembros de los comités olímpicos, a los cuales se habían guardado 1.800 localidades, así como a una parte de asientos de voluntarios.

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