Monja de Satanás

El más grave problema que tiene la Iglesia en el presente siglo es el modernismo de sus pastores. Ahora que parece que se han dado cuenta de que un sínodo no parará la sangría desertora de los jóvenes y de que hace falta algo más que un grupo de obispos para contener la hemorragia, habría que hacer notar a sus eminencias del añadido problema de que las monjas, mujeres que contenían sus verborrea impenitente tras el torno y la clausura, tengan smartphones y utilicen las redes sociales. Mujeres al fin y al cabo, cotillas en muchos casos, con demasiado tiempo libre cuando no se emplea el suficiente en rezar y trabajar por las necesidades del Papa y de la Iglesia de Cristo, sin disciplinas, sin penitencias, sin silencios; convertidas en vírgenes no se sabe muy bien para qué ni para quién, no para el martirio, no para la inmolación por los más necesitados, por los que sufren el hambre o la guerra; reinas de los folowers, amigas de instagramers y youtubers, nos atormentan con sus pensamientos ociosos, carentes de sentido, de inteligencia, de caridad y de fe. Estas monjas modernas son unas hijas de Satanás. Que tengan alguna sensibilidad por lo sagrado es como pedirle peras al olmo.

Conviene la reforma en las casas de la Iglesia. Conviene el cilicio y el flagelo en las congregaciones, el silencio cartujano… y la quema de brujas. Esta vez, en serio.