Memoria Histórica Borrada: Companys y su lucha por los derechos humanos, la libertad y la democracia

Hace un par de domingos ya dedicamos a Companys nuestra Memoria Histórica Borrada y prometimos continuidad. Lo prometido es deuda. Seguimos tomando prestado el libro de Jiménez Losantos, “Memoria del Comunismo” que se remite en muchas ocasiones al de Barraycoa “Los descontrolados de Companys”.

“Al Obispo de Barbastro, Florentino Asensio, también fueron a matarlo desde Cataluña. Le cortaron los testículos porque, según dijo un miliciano, “así podremos comer cojones de Obispo”. Mutilado, lo hicieron andar hasta el cementerio, donde lo fusilaron junto a otros. Tardó en morir, tiempo que pasaron en quitarle la ropa y arrancarle, todavía vivo, los dientes de oro.

A Bartomeu Pons (Penedés) lo llevaron atado en viacrucis por las calles del pueblo. Le daban latigazos mientras andaba y luego lo ataron al sol para deshidratarlo. Luego lo llevaron a una presa de vino y allí lo aplastaron.

Al dirigente de los Sindicatos Libres, Ramón Sales, lo ataron a cuatro camiones y tiraron hasta descuartizarlo. A Juan Valle Valle, un agricultor de Guimaets le arrancaron los ojos y lo colgaron boca abajo hasta que murió. Al Padre Audí, superior de los jesuitas de Tortosa, le arrancaron el pelo y la piel de la cabeza antes de matarlo.

Lo que hoy llamarían feminicidio, en sus variantes de abuso sexual, tortura y asesinato, era muy frecuente en el reino de la libertad. Uno de los mejores investigadores de las checas, César Alcalá, cuenta el caso de las Hermanas Lasaga, descrito por Trinidad Mariner: Me presentaron a las Hermanas Lasaga, una a una. Cuando las ví por primera vez las acababan de dar una paliza horrible, echaban sangre por la boca y la nariz Margarita y Angelita. A Patrocinio, que era la más joven, me la presentaron con palillos entre las uñas de los dedos de la mano y no sé si de los pies.

De los 300 presos del barco Río Segre fueron sacados y asesinados 218. Se les mataba cada vez que había malas noticias del frente, o sea, casi siempre.

Josefa Nicolau Fabra había ayudado a huir a su marido, pero la atraparon. La llevaron a las afueras de Tortosa y la quemaron viva. A Dolores Bartra la sacaron los ojos tras asesinarla. Dolors Bartí, de 19 años, era criada de un cura anciano y trató de atrancar la puerta para que no se le llevaran. La tiraron por las escaleras y, maltrecha, la vejaron y asesinaron.

Las tres hermanas Fradera, Carmen, Rosa y Magdalena, eran monjas del Corazón de Marí y muy hermosas. Se empeñaron en violarlas y, al resistirse, les rompieron los dientes a golpes. Luego las violaron con sus revólveres y las metieron palos que las destrozaron las vaginas. Tras disparar sobre sus órganos sexuales, las rociaron con gasolina y las quemaron lentamente. Luego las ametrallaron.

A la madre Apolonia Lizárraga, de las Carmelitas de la Caridad, la aserraron y echaron sus pedazos a los cerdos de la checa de “El Jorobado”, seguramente Manuel Escorza del Val.

Antonia Pau Lloch, de Alafarrás (Lérida) tenía 70 años y era madre de dos sacerdotes jesuitas. El Comité Revolucionario la detuvo y la maltrató en los locales del Ayuntamiento. Luego la llevaron a un lugar llamado la Plana del Magí: allí la estrangularon y dejaron su cuerpo en la cuneta.”

Y con la palabra cuneta, tan de moda, terminamos nuestro recordatorio de hoy sobre la lucha de los rojos y los separatas por los derechos humanos, la democracia y la libertad, en este caso, en la Cataluña de Companys.