Mariano ordena; María Dolores comunica

Es difícil ver en la política nacional, tan poco amiga de dimisiones, un ejemplo tan meridianamente claro de lo que son las “obediencias” como en el caso Cifuentes. La hipoteca del político y esa “invisible” sociedad supranacional, supragubernamental o supraconfesional que va tomando nota de todo desde el primer día por si alguna vez hace falta sacarlo y exponerlo a la luz pública.

Es interesante el papel que juegan ciertos medios, obligados, parece, a sacar toda la mierda que se vayan encontrando por el camino o les vaya siendo remitida por anónimos ciudadanos.

Y es curiosa la reacción del pueblo soberano, el que dicen mejor preparado de la historia y que cada día demuestra ser el más vasallo del continente, ofendido por la ratera pero encantado con la mujer que metió el homosexualismo en las aulas con una ley de pensamiento que anula cualquier opinión en contra a la ideología de género.

Esa mano negra ha manejado el caso Cifuentes con maestría, hay que reconocerlo.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue quien ordenó a Cristina Cifuentes dejar su cargo como presidenta de la Comunidad de Madrid este mismo miércoles y fue la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, quien se lo transmitió personalmente en una visita a la sede del Gobierno regional en la Puerta del Sol.

Rajoy, que no ha hablado con Cifuentes, quería que la situación estuviese “solucionada” antes de iniciar el debate de los Presupuestos Generales del Estado de 2018.