Los rojos, Carmena, Podemos, los coches, la sanidad y la educación privados

La obsesión de la Abuelita Roja por no dejarnos ir en coche por Madrid es compulsiva. No obstante, es una manera de solucionar el problema del tráfico: se prohiben los coches y ya no hay atascos. Nos ha jorobado.  Y para justificarlo, acudimos al socorrido tema del medio ambiente. Cuando los coches sean eléctricos a Carmena se le acabó el chollo. ¿Que va a hacer entonces?  Lo de la excesiva contaminación huele a milonga que apesta.

Uno se compra un coche y tiene derecho a usarlo. También tiene derecho a usarlo en Madrid. Y la verdad es que tiene derecho a usarlo en todas las calles de Madrid, en las que esté permitida la circulación. Las ventajas para el transporte públco no son algo que esté claramente justificado desde un punto de vista ético. Estado y particulares debemos  o deberiamos ser iguales ante la ley.

Pero la gran cuestión es la siguiente.  ¿Qué pasaría si el sueño rojo se hiciera realidad, todos usáramos el transporte público y nadie su coche privado? Que el transporte público no daría a basto y se convertiría en un desastre. Las horas  punta de metro y autobuses serían maravillosas. Como sucedería, con toda seguridad, con la educación y la sanidad sin educación concertada y privada y sin sanidad privada.

Lo que no entiende el podemita, su ideologia no es más que envidia, es que el que usa su coche privado deja espacio libre en el transporte público y, de alguna manera,  financia el transporte público al hacerlo mejor. Del mismo modo, el que usa la sanidad privada o la educación concertada  o privada no es un rico malvado, sino que evita que estas se saturen y sean un desastre;  al pagarse su sanidad y su educación, de alguna forma, es como si pagara un impuesto  extra que contribuye a una mejor educación y sanidad públicas.

Si su ideología no fuera simple envidia, lo entenderían.