Los Iglesia-Montero ponen sus cargos a los pies de las bases de Podemos

En un alarde extremo de mesianismo, Pablo Iglesias (macho alfa) e Irene Montero (portavoza) han puesto sus cargos y puestos a disposición de la bases del partido, seguros como están de tener la dirección de los morados bien embridada. Saldrán veladamente los Errejón, Kichi, Urbán, Bescansa y demás derrotados, a hacer campaña por la dimisión pero perderán la batalla una vez más porque, si algo saben hacer bien estos dos es manipular a sus masas (bases). Lo venderán así, como el motivo que pone calentita a la derecha. Ellos, que suscitan el odio enconado de la derecha burguesa adinerada por emprender un proyecto familiar cerca del campo, deben ser los que encabecen la revolución de la gente y la remoción de la casta política parasitaria. Y ganarán. Seguirán de diputados. Al tiempo.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y la portavoz en el Congreso de la formación morada, Irene Montero, han comparecido ante los medios de comunicación para comunicar que consultarán a las bases del partido si deben seguir en sus cargos o si por el contrario deben dimitir, tras la polémica que ha provocado la compra de un chalet.

“Deben ser los inscritos y las inscritas los que decidan si debemos seguir siendo secretario general y portavoz parlamentaria y si seguimos siendo diputados”, ha dicho Pablo Iglesias.

Ambos políticos, ante el debate público generado han apostado por trasladar la siguiente pregunta a la militancia: “¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la Secretaría General y de la Portavocía parlamentaria de Podemos?”.

Iglesias y Montero han señalado durante la rueda de prensa que consideran que se ha abierto un debate sobre su credibilidad y que se han traspasado “todos los límites posibles de la intimidad”.

La decisión de Iglesias y Montero, que en otoño serán padres de mellizos, se produce después de que se hiciera pública la compra de una casa unifamiliar en la sierra norte de Madrid y la hipoteca de 540.000 euros que habían solicitado al 50% para pagarla.

La difusión de esta noticia, acompañada de los fotos internas y externas de la vivienda, dio paso a un gran debate, plagado de críticas, en los medios y en la calle sobre si era coherente con sus planteamientos políticos la decisión adoptada.