Lo que no tiene ningún derecho a hacer una víctima de ETA

Las víctimas de ETA no tienen derecho a igualar a los asesinados a manos de la banda terrorista ETA con los presos de ETA, ni con los eliminados en acciones con la Guardia Civil o Policía Nacional de la banda armada, ni con los fugados y escondidos en Francia, Bélgica, Venezuela o cualquier otro lugar del globo, ni con los que han adquirido escaño y ahora son diputados, senadores, alcaldes o concejales en Vascongadas, en Navarra o en La Rioja; las víctimas de ETA, así hayan matado a su padre, a su hermano o un hijo no pueden pedir respeto cuando, después de pedir la socialización de la victimación (víctimas somos todos) van por cuenta propia y al margen de todos a compadrear con asesinos que ni han pedido perdón ni piensan hacerlo porque con su ignominiosa acción individual y peripatética restan fuerza moral a la causa de todos de acabar definitivamente con la banda ETA allá donde perviva y bajo la especie que lo haga, ya sea en los bosques vizcaínos, en las costas guipuzcoanas o en los despachos alaveses; una víctima del terrorismo no puede debilitar la lucha contra ETA asegurando que se pasa página para construir la paz -la paz es hija de la Justicia y mientras no se haya acabado con ETA no puede haber ni una ni otra.

Por todas estas cosas y muchas más, amigo Cedillo, lo que ha hecho usted hoy en Errentería es una canallada. Y llore todo lo que le de la gana, usted, y los políticos asesinos o majaderos que le han arropado. Confiamos que su necesidad de notoriedad haya quedada saciada después del acto miserable con el que nos ha jeringado el día a todos los que tenemos algún familiar o amigo asesinado por ETA. Los que no hemos podido ni enterrar a nuestros muertos por el miedo y la presión de los matones de ETA en municipios como al que hoy ha vuelto después de 36 años no tenemos nada que agradecerle a usted en la consecución de la paz. Usted no escribe una nueva página de nada; usted es un tonto útil para blanquear el proceso de asimilación a las instituciones de los asesinos de su padre.

Digiera, si puede, su estupidez y no nos vuelva a pedir respeto.