Lo que dos mayorías absolutas no permitieron hacer al partido de la vida de Casado

Pablo Casado es el nuevo presidente del PP, la sordina que pone punto final a cualquier esperanza de verdadera derecha en España. El Ginesito dice lo que la realidad niega. También éste gesticula mucho con las manos. Enfatiza familia, y vida, y España y corrupción. Todo en el mismo saco, ante los abortistas, los facilitadores de fugas y los corruptos. Todos miraban y aplaudían.

El PP resuelve hábilmente el entuerto de su sucesión, perfecto conocedor de su público. Una mínima señal para enfervorizarlo. Ahora, los que decían que desencantados se iban a VOX, vuelven al redil. Como un solo hombre, volverán a votar izquierdas (que es lo que mayoritariamente vota uno cuando vota PP) con vencidos de que son señores “muy de derechas”. Volverán a votar sobornos, píldoras del día después, homosexualismo, fronteras abiertas, ridículos europeos, secesionismo y complejo facha. Lo que con dos mayorías absolutas no hicieron sus predecesores, José María Aznar y Mariano Rajoy, lo va a hacer él con minoría. Y en esto también se ponen de manifiesto que las estrategias de los partidos nunca son mirando a lo que necesita España si no a lo que mejor conviene al partido y, por elevación mesiánica, al Estado.

El macronismo ha llegado al PP. El lavado de cara que necesitaba después del zampatortas de Rajoy y evitando a la menina de SoraYA. Con su ascensión al despacho presidencial de Génova 13 llega Atila; a su derecha ya no crecerá la hierba.