Llegaremos a homenajear con calles y plazas por antifranquistas a los terroristas de ETA, GRAPO y FRAP. Al tiempo. Por Javier García Isac

En el año 1969 se dicta el decreto ley 10/1969 por el cual prescriben todos los delitos cometidos antes del 1 de abril de 1939, es decir, todos los delitos cometidos durante la guerra y justo hasta el día de la victoria. Se cumplían 30 años de la finalización de la contienda. En el 2007, el gobierno del socialista Jose Luis Rodríguez Zapatero, reabre heridas, 68 años después de finalizada la guerra, con una ley que desea reescribir la historia ajustándola a los intereses del bando perdedor y encubriendo de esta forma los crímenes más atroces y la persecución y exterminio de católicos más numerosa de la historia moderna. Nace la ley de memoria historia actual, que solo reconoce víctimas de un bando y que pretende presentar como víctimas de franquismo, a todo aquel que fuera condenado o ejecutado por gravísimos delitos de sangre, sin tener en cuenta la motivación que llevo a la condena del criminal, ahora presentado como inocente. Para mayor escarnio de todos, se olvida de los asesinados por el bando de frente popular, a los que quita toda legitimidad y reconocimiento, borrando calles, estatuas, placas o recuerdos, que pasan a los asesinos. Las víctimas provocadas por el frente popular, son nuevamente asesinadas. Se quita por ejemplo la calle “mártires de Paracuellos”, por haber el grave delito de haberse dejarse matar y se homenajea al asesino, blanqueando su pasado y denominándolo luchador antifranquista y por ende, luchador por la democracia, en una obscena manipulación y falseamiento de la realidad y del lenguaje. Cierto que hubo antifranquistas, pero esto no les hacia demócratas. Antifranquistas eran ETA, GRAPO, FRAP, y este antifranquismo nunca los convirtió en demócratas. Una vez llegada la democracia, siguieron matando y asesinando.

El desarrollo lógico del proceso abierto por los socialistas con la ley de memoria histórica y el “blanqueamiento“de los asesinos del frente popular condenados después de nuestra contienda civil y presentados ahora como víctimas del franquismo, llevara irremisiblemente a que dentro de pocos años, de muy poco tiempo, quitemos reconocimiento a las víctimas del terrorismo de ETA, GRAPO o FRAP, y convirtamos a los asesinos y criminales en víctimas. El mismo proceso de borrado y manipulación de la historia que estamos sufriendo ahora.

El 13 de septiembre del 2018, casi 80 años después de finalizada la guerra y de 43 de la muerte de Franco, a instancias de otro socialista, Pedro Sánchez; presenta un nuevo decreto ley que es aprobado en el congreso de los disputados para profanar el cuerpo de Franco y sacarlo del valle de los caídos con la oposición de la familia y de las autoridades responsables de la abadía. El decreto ha salido adelante con 172 votos a favor de comunistas, socialistas y separatistas, 164 abstenciones del centro reformista del Partido Popular, la organización fundada por un ex ministro de Franco y los neo centristas de ciudadanos, con dos votos en contra, cuyos responsables se han apresurado a declarar que fue por error. Además de cobardes, tontos, muy tontos, vamos en la media de lo habitual del político actual.

Mientras que en el año 1969 se aprobaban leyes encaminadas al perdón y la reconciliación, en el 2018, se aprueban leyes para profanar cadáveres, para rehabilitar a criminales y para ningunear a las víctimas. No sé que me produce más asco o repulsión, si “los valientes” de la izquierda española que han tardado 43 años en darse cuenta que Franco estaba muerto, o la cobardía de los del “centro reformista” que se piensan que esto es suficiente para que la izquierda les perdone por existir.

Algún día la historia pondrá a cada uno en su sitio y yo no tengo la menor duda de donde quedara la actual generación de políticos españoles. La izquierda miente, tergiversa y ajusta cuentas y la cobarde derecha renuncia a cualquier debate ideológico sea este del calado que sea. La conferencia episcopal calla ante la profanación de aquel que les salvo del exterminio y el Jefe del Estado, el actual y el emérito mantienen un silencio cómplice, sin darse cuenta que después de Franco y la cruz, vendrán ellos y la institución que representan.

Cuando los distintos actores se den cuenta de lo que va todo esto, posiblemente será muy tarde para la reacción, además de que su comportamiento no les habrá hecho merecedores del respeto de nadie que pudiera dar la cara por ellos