Lavapiés, el multiculturalismo y la pérdida de identidad. Por Juan E. Pflüger

Los disturbios de los pasados jueves y viernes en el barrio multicultural de Lavapiés, en Madrid, dejan claro que la violencia protagonizada por inmigrantes no europeos no son cosas de las arrabales parisinos, de Molenbek o de los barrios islámicos de Londres y Birmingham. Están aquí, y tienen un soporte claro de los sectores violentos de la izquierda radical.

Los mismos sectores que justificaron el asesinato de Víctor Laínez por llevar la bandera de España son los que se hicieron presentes en los disturbios de Lavapiés. Los seis únicos detenidos por los actos vandálicos que asolaron el barrio eran todos españoles, vinculados a grupos de extrema izquierda y con antecedentes.

Esos grupos, curiosamente los mismos que dos días después atacaban a españoles que esperaban a las puertas del Hogar Social de Madrid una ayuda para subsistir, están organizados y son capaces de movilizarse en pocas horas para hacerse cargo de las protestas “espontáneas”.

Son el soporte violento de la nueva izquierda, esa que ha entrado en las instituciones para “tomar el cielo por asalto”, como amenazó Pablo Iglesias poco después de tomar posesión de su escaño en el Congreso de los Diputados.

Nadie en su sano juicio puede pensar que esos radicales de izquierda se hubieran movilizado si no hubieran sido llamados a ello por los mensajes de los líderes podemitas en sus perfiles en las redes sociales. Igual que Indalecio Prieto llamó a la revolución en octubre del 34 con su frase de “atención al semáforo rojo”, los nuevos milicianos de la izquierda se movilizan con las llamadas de sus líderes políticos desde las instituciones.

Y lo que está en juego no son los elementos decorativos y el mobiliario urbano destrozado. Tampoco los coches y las motos quemadas, ni las decenas de lunas de coches que fueron destrozadas en la madrugada del viernes al sábado tras la manifestación “pacífica” del viernes por la tarde en Lavapiés.

Lo que está en juego es nuestra identidad como nación. La prueba es la campaña de justificación de los actos violentos que viene desarrollando la izquierda mediática. Ahora tenemos que aguantar que nos digan que estos inmigrantes irregulares que pasan años y años trabajando en negro, dañando a los comerciantes, y sin cotizar un solo día a la Seguridad Social, vienen a pagarnos las pensiones. Otra de sus mentiras.

Mientras vemos como el Hogar Social ayuda a españoles en riesgo de exclusión y son machacados por las instituciones, estos que supuestamente van a salvar nuestras pensiones, se llevan las los recursos del Estado, mientras que conciudadanos que han trabajado durante años se tienen que limitar a conformarse con las migajas.

La estrategia es clara, minar la identidad nacional. Para ello hacen falta muchos barrios multiculturales, como Lavapiés. Barrios en los que los españoles son minoría y en los que la seguridad y el imperio de la Ley brillan por su ausencia. Es el futuro que nos espera si no reaccionamos. Que nadie se deje engañar, defender a los españoles y criticar la inmigración ilegal no es racismo. Es defender nuestra identidad y nuestros derechos.