Las pensiones no son un problema. Son una obligación del Estado y de todos

Ayer, el Parlamento español presenció un debate sobre las pensiones. Oímos las diversas posturas de unos y otros. PSOE y Podemos pidiendo por pedir,  pero sin decir como satisfacer lo que se pide y Cs, en el fondo,  lo mismo. La más realista, posiblemente,  la de Rajoy pero sin ofrecer solución clara alguna.

Lo de las pensiones es matemáticamente misterioso. Así de claro. Constantemente se alude al problema de la natalidad y, sin embargo, en lugar de fomentar la natalidad se fomenta el feminismo antinatalista y se traen inmigrantes,  aunque hay millones de parados, con la idea, por lo visto, de que esos inmigrantes  paguen las pensiones pero que, por el momento, cuestan dinero al Estado en forma de ayudas sociales que, por cierto, no reciben los españoles en iguales términos. Las matemáticas fallan por todos los lados: hacen falta más niños españoles  pero no fomentamos su natalidad y traemos inmigrantes,  para que ocupen  puestos de trabajo,  mientras  hay millones de parados a los que sumar parte de esos inmigrantes que, encima, reciben ayudas sociales. Surrealista y ruinoso.

Decíamos que Rajoy fue el más realista de los parlamentarios que intervinieron ayer. Lo demás fue demagogia e incapacidad mental para resolver el problema. ¿Tiene solución? Tienen que tenerla. Las pensiones no son una opción. Son una obligación de todos y del Estado.

En primer término, no sabemos donde dijo Dios que las pensiones sólo se pueden pagar con cargo a las cotizaciones. Si el Estado ha sido incapaz de crear las condiciones para que eso sea posible, habrá que pagar las pensiones con lo que sea. Pero hay que pagarlas. ¿De donde? De los presupuestos generales del Estado. ¿Y que es lo que sí es opcional, muy caro, suntuario y rigurosamente inútil por cuanto nada de lo que hace es algo que no pueda hacer el Estado directamente de forma más barata, coordinada y funcional? Las autonomías. Muy resumido: autonomías, no.  Pensiones, sí.