Las medidas, respecto a los Diésel, de los perro flautas que dirigen el ayuntamiento de Madrid,perjudican a los mas necesitados.Por Javier García Isac

Primero lo llamaron calentamiento global, después cambio climático. Todo al servicio de un negocio y de una ideología, todo encaminado a seguir tutelándonos, y hacia la construcción de un modelo de sociedad que debemos aceptar sin oponer resistencia, total, es por nuestro bien.

La izquierda, en su proceso de transformación después de la caída del muro de Berlín, necesitaba nuevas herramientas, nuevos discursos y nuevos instrumentos. A la mujer y al animal, se le sumo el ecologismo. Nunca les importo ni las mujeres, ni los animales, y mucho menos la ecología. Nos hablaron de calentamiento global, con la excusa de una falsa preocupación por el futuro del planeta, cuando este concepto dejo de ser creíble, mutaron a cambio climático. De esta manera, dulcificaban a la izquierda, ¿pues quien no quiere mejorar el planeta? Quien no acepta sus principios ecologistas, es malvado, hasta tal punto, que todos acaban dando por bueno, imbecilidades que al final se han convertido en un negocio.

Los perro flautas que dirigen el ayuntamiento de Madrid, prohibirán aparcar en la ciudad de todos, a los coches más antiguos y a los que tengan un motor diésel, como si fuera del gusto del ciudadano tener un coche viejo.

Estas medidas perjudican a los mas necesitados, perjudican a los que menos tienen, y agravan seriamente el sustento de miles de familias que viven del transporte y cuyos vehículos utilizan el gasóleo como combustible.

Las medidas adoptadas por el ayuntamiento de Madrid, son coincidentes con las del gobierno de España. Se nos habla de vehículos alternativos y de un nuevo transporte imaginativo, de bicicletas, muchas bicicletas en las ciudades, que ponen en riesgo la seguridad de todos y colapsan la ciudad, con unos carriles que nadie usa, y que son un estorbo urbano. Tampoco nos aclaran cuales son esos vehículos alternativos, mas que el coche eléctrico, que, por ahora, es absolutamente inviable, dado su alto coste, su limitada autonomía y su falta de puntos de recarga.

El ecologismo se ha convertido en un negocio muy rentable, en una nueva excusa para esa transformación de la sociedad que buscan. Ese mundo feliz, donde disidentes y discrepantes no tienen cabida. Un mundo con ciudades solo para sus “jóvenes”, todos en bici, y que sepan tocar flautas como la de Bartolo, con un agujero solo. Viejos y mayores son un estorbo, además de no montar en bicicleta por razones de edad, están muy apegados a sus viejos y contaminantes vehículos diésel. Se nos expulsa de nuestras ciudades, se nos expulsa de nuestro país.

La demagogia, va de la mano de la imposición, la multa y la recaudación. Es obligación de todos cuidar el planeta, pero no con mentiras y medias verdades. No a costa del ciudadano y de la vulneración de su libertad. Los organismos públicos, y concretamente los ayuntamientos, son los que mas contaminan. Los vehículos, son apenas el 15% de la contaminación ambiental, pero es más fácil perseguir al conductor, al individuo, que asumir errores propios. Nos obligan a cambiar de coche, y ellos mantienen su contaminante flota de autobuses. Mantienen el carbón y otras explotaciones comerciales, mientras pretenden que seamos nosotros los paganos de su mala y pésima gestión. El calentamiento global, el cambio climático y el ecologismo, son la cortina de humo que enmascara sus propias deficiencias y debilidades. Nada es por la ecología ni por el planeta, es por su búsqueda de transformación de la sociedad, es por la imposición de normas y estilo de vida que desean aplicarnos.

El negocio del medio ambiente es muy rentable y lucrativo, además de una excusa muy “aseada” para todos aquellos que han descubierto un filón ideológico dirigido a incautos, siempre muy predispuestos a creerse las tonterías contadas con aire muy solemne