Las fosas de La Ley de Memoria Histórica ¿Dónde están? Por Eduardo Arias

Nótese cierto desprecio en el título de este artículo. Desprecio por los familiares rojos  de los rojos muertos durante la Guerra Civil. Desprecio por buena parte de los rojos ejecutados y enterrados en cunetas o fosas, me da igual, como consecuencia de los terribles hechos que protagonizaron en la retaguardia republicana. Y, no obstante, un enorme respeto,  y algo de vergüenza,  por todos aquellos,  rojos o no,  que pudieron ser  ejecutados injustamente por las tropas nacionales durante la Guerra Civil y por el Régimen de Franco después de ella.  Estos, en mi opinión, los menos.

 

A todos estos familiares rojos que están por la apertura de las fosas, después de meditar y ver sus actuaciones, dirijo mi más absoluto desprecio. No les importan sus muertos. Les importa hacer propaganda con sus muertos. Usan sus muertos para hacer política y les importan una mierda  los entierros dignos y demás zarandajas. Y es posible que hasta les importen las subvenciones que reciban por desenterrar sus muertos, es decir, levantar pasta del dinero de todos los españoles. Desde el principio de esta historia, uno se preguntaba cual era la razón por la que habían esperado 30 años después de la muerte del Caudillo para empezar con esta historia y no encontraba respuesta. ¿Alguien duda que durante la transición no hubieran podido haberlo hecho  ya  sin tantas alharacas? Otra pregunta: ¿Alguien sabe, de verdad, cuantas fosas se han encontrado? Y que no me saquen las fosas de un Cementerio. Se trata de encontrar fosas, por así decirlo, clandestinas.

 

En realidad, la Ley de Memoria Histórica no busca fosas, busca bendecir a la izquierda como idea de la bondad y satanizar al bando nacional: la derecha, los falangistas, los franquistas. ¿No van muchos más esfuerzos en retirar símbolos franquistas que en  buscar fosas y exhumar cadáveres?

 

Y en esas dudas estaba yo cuando ya hace unos años apareció la noticia de la fosa de Granada. A finales del Verano de 2003 se encuentra un barranco en Orgiva, Granada. Se habló de fusilamientos en masa, exterminio por motivos ideológicos, lugar de crímenes y muertes. Incluso supuestos testigos recordaban la llegada de camiones  cargados de hombres, mujeres y niños que rodaban asesinados por el barranco.  Un catedrático de la Universidad de Granada calculó 5.000 asesinados. El País dedicó al asunto toda una página. El día 1 de Septiembre. El día 2 de Septiembre le dedicó un recuadrito par señalar que los huesos encontrados eran de animales. No había ni fusilamientos, ni exterminios, ni crímenes. No había ni fosa. Pero esta gentuza se retrató: buscan propaganda. Quizá buscan desesperadamente un Paracuellos. Pero no lo van a encontrar porque no  hubo más que uno. El único Paracuellos fue obra de Carrillo y es una  herencia moral que retrata a toda esta gentuza.

 

Luego vino  otra noticia que  confirma mi tesis. Una Asociación, supongo que subvencionada, de Teruel abre una fosa y cuando resulta que los cadáveres encontrados no les sirven para la propaganda abandona los restos hallados sin más de forma que 36 soldados de ambos bandos, muertos durante la guerra civil en la localidad turolense de Singra,  permanecen, hasta donde sé desde hace años, en cajas de cartón en las antiguas escuelas del pueblo a la espera de recibir sepultura. Esto lo hacen los de las dignidades en los entierros. Es posible que se encontraran el Alcalá de Henares los restos de Andrés Nin. Nunca más se supo.

 

En mi opinión, nada hay más digno que el entierro en una fosa común o en una cuneta para quién fue injustamente asesinado. Nada hay más digno que una cuneta o un foso o un pozo para quién fue justamente ejecutado. Y es que la dignidad no va en el lugar de entierro sino en el enterrado. Tan es así que esas cajas de cartón de Teruel,  donde se encuentran soldados muertos de ambos bandos,  están, sin duda, llenas de dignidad.