Las borbonadas del emérito

Ni los elefantes africanos, ni las cuentas en Suiza, ni las putas en Zarzuela, ni los autogolpes de mano. Lo que hace del emérito rey Juan Carlos mejorar y superar la versión traidora de Carlos Puigdemont es, de probarse cierta, la historia contada por el comisario Villarejo. Según éste, el monarca, en un arrebato amoroso habría entregado a su amante, la princesa Corinna, el archivo JANO.

JANO es el nombre con el que se conoce el millón de entradas sobre personajes influyentes (y no tanto) que elabora y mantiene actualizado el CNI. Su nombre técnico es Control Integral Central y, por lo contado por Villarejo, se trata del señor de los archivos. Toda la basura íntima, ruindades y mezquindades, vicios, defectos, delitos, hábitos descontrolados y patologías de jueces, políticos, empresarios, deportistas…quien no está en el JANO no es nadie.

Juan Carlos temió por su vida. También sospechó que alguien, a su muerte, quisiera hacer daño a su amada. Y, por este motivo, depositó en las níveas manos de la alemana, el archivo capaz de arruinar la vida a cualquiera. Dice Villarejo que se ha tratado en alguna ocasión de recuperar el archivo sin éxito.

De ser verdad esta película de Bonds y Mataharis, al monarca emérito habría que colgarle de sus reales pelotas. Lo harían así en cualquier país civilizado del mundo libre. Si se corre un tupido velo sobre el escándalo de la Corona se estará dando argumentos de peso a todos los que buscan la perdición de España, llámense republicanos, separatistas, terroristas o coristas de cabaret. Ha sido el último servicio de un rey felón a su patria. Tememos que no será el último.