La yihad mata a otros dos europeos mientras las autoridades francesas tratan de ocultar el origen del ataque

La Prefectura de la Policía de París ha confirmado que al menos dos personas han resultado muertas en el ataque perpetrado la zona de Ópera, en el centro de París, por un hombre armado con un cuchillo que poco después ha sido abatido. 

El director de gabinete de la Prefectura de París, Pierre Gaudin -cómplice del despropósito de estrategias tramadas por las autoridades francesas y europeas-, han explicado ante los medios que la brigada criminal ha sido encomendada para investigar este hecho y no la brigada antiterrorista, encargada de investigar ataques yihadistas, pues la situación se está evaluando mientras se intenta identificar al atacante.
El ataque se ha producido en la calle Monsigny, próxima al monumento de la Opera de París, en una zona de bares y restaurantes muy transitada los fines de semana.
Según numerosos testigos el agresor, cuya identidad se desconoce, grito «Allah Akbar» (Alá es grande). Aún así, las autoridades francesas pretenden hacer creer a todos que los sucesivos atentado a son normales y no obedecen a invasión islamista alguna. Solo un interés malsano puede justificar la naturaleza islamista de la ola de crímenes que sacuden Europa desde que las fronteras se abrieron a toda la chusma yihadista llegada bajo la denominación de refugiados. Solo un interés por destruir la sociedad, estructuras y cultura europea puede estar detrás de los dirigentes de los distintos países de la UE, salvo honrosas excepciones. Son todos ellos culpables y la sangre de estos dos nuevos ciudadanos franceses ha de caer sobre su conciencia y sobre sus vidas.