La tesis de Sánchez: Al que diga lo contrario, lo empapelo

Las leyes mordaza puestas en marcha en cualquier país socialista -España no es un excepción- tienen por objeto no contradecir la versión oficial de los hechos. Es la vacuna de la democracia , de cualquier democracia, para darse un punto de anclaje absoluto desde el que poder construir país. En un régimen totalitario o autoritario la cosa está clara: la verdad es la que dicta el dictador o la que se postula como verdadera sin objeciones; en una democracia liberal, al arbitrio de mayorías, cuestionar la verdad de cualquier posición puede llevar a la inacción política. Esto, objetivamente, es así y ha pasado y pasa, insistimos, en todas las democracias liberales. Las más consolidadas de nuestro entorno también sufren la dictadura de las leyes mordaza. En Alemania, plantear tesis contrarias a las de los vencedores de la IIGM es anatema y está castigado con cárcel; en España, la única forma de mantener con cierto entusiasmo entre la ciudadanía que el régimen democrático es mejor, más próspero y conciliador que la dictadura franquista es meter en cintura a todos aquellos que osen decir lo contrario.

Desde que arribó a La Moncloa, Sánchez ha hecho alarde de un autoritarismo democrático sin parangón. Estratégicamente, con 86 escaños, no le queda otra si quiere renovar el alquiler; desde cualquier otro punto de vista, el de la honradez intelectual o el de la honestidad política, no hay por dónde cogerlo.

Durante cuarenta años los padres de la democracia española nos han estado machacando diariamente con la idea de que los medios de comunicación son la garantía de la democracia. La forma de controlar los medios que garantizan la democracia (aquí entra ya la mano del legislador) es regar publicitariamente los que se quiere que pervivan y ahogar los que no se quiere que pervivan. Durante el sistema partitocrático de alternancia esto funcionó bastante bien. Ahora, una persona quiere encaramarse a lo más alto de esa alternancia con la intención de desplazar definitivamente al otro candidato, débil en todos los sentidos del término. Al más mínimo intento por parte de éste de moverle la silla (caso tesis doctoral), el dictador democrático tiene que emplearse a fondo con los medios que llevan la iniciativa. Por eso, las amenazas de tribunales a los medios que han puesto en solfa la verdad oficial de que el presidente Sánchez es un tipo con carrera, master y doctorado. Dotorado de los buenos, de los cum laude, regalado, pero cum laude.