La tertulia de Luis Herrero: el insoportable Ignacio Cembrero

Este tertuliano, sin opinión propia aparente, ha convertido, en nuestra opinión, la tertulia de Luis Herrero en algo soporífero e ideológicamente infumable. Con un extraño papel, algo así como el guionista de la tertulia, se dedica a opinar aparentando que no opina a base de reproducir, casualmente, las noticias y las declaraciones en los términos que le molan.

Encantado de haberse conocido es de esas personas cuya imagen denota que se cree inteligentísimo. La realidad es otra bastante diferente. Parece que su gran mérito es un móvil al que le llegan las noticias antes que a los demás vete tú a saber porqué. ¿Cómo funciona el tal Ignacio? Para que lo entendamos, es el algo así como si describiéramos un atentado del ISIS y la opinión de un majadero, sin decir que es su opinión, fuera leer el comunicado del ISIS para hacernos saber las razones por las que ISIS mata en Occidente.

Por ejemplo. Proposición de ley del PSOE para reformar la memoria histórica. Ante la opinión de otros tertulianos señalando que la propuesta de cárcel para quienes defiendan el franquismo es una burrada, la respuesta de Ignacio Cembrero es explicarnos, como el que no quiere la cosa, el razonamiento para la misma de la izquierda: se trata de hacer una ley al modo en como se trata el negacionismo del holocausto en Alemania. Lo dice como si no fuera su opinión, como si tuviera a bien explicarnos lo que piensa el PSOE.

Cuando le contestan que comparar franquismo y nazismo es una gilipollez, se calla. Para a renglón seguido, cuando dice Luis Herrero que si van a meter en la cárcel a todos los militantes de partidos de extrema derecha, la respuesta de Cembrero es del pelaje siguiente: son muy pequeños y residuales, es decir, nos informa a todos de que la extrema derecha es poca cosa. No dice más. Pero parece, claramente, que Ignacio Cembrero está diciendo, algo así, como que los fachas son pocos y, por ser pocos, no pasa nada si se les mete en la cárcel.

La técnica de Cembrero de decir como sin decir es desagradable. Quizá sea mejor así. No es mala táctica para ocultar la incapacidad de justificar una opinión propia.