La rana y el escorpión

Les ahorraremos la narración de un fábula que, de tanto usarse, se ha desgastado hasta empezar a clarear por los bordes y asomar un paño de cursilería. Pero esto es exactamente lo que le está pasando a Pedro Sánchez y a su simbiosis con los nacionalistas catalanes. Ahora, nuestro amado presidente, se hace el importante en EEUU y en la sede de ese invento infernal llamado ONU lanza al nacionalismo la encrucijada de enrocarse en su república o apostar por él y acabar una legislatura aperturista en 2020. Torra, el alacrán, ha visto que la rana Sánchez ha llegado casi a la orilla y vuelve el discurso para dejar a Sánhcez en calzoncillos: «Si no hay república olvídate de que te apoyemos para acabar tu legislatura. Has estado en Canadá, prepáranos un Quebec».

Y Sánchez empieza a llorar su idiotez. Ni paz en casa ni tranquilidad fuera. Las giras se le atragantan al guapo de La Moncloa. 112 días tirando de un carro engalanado hasta el más mínimo detalle pero con las dos ruedas pinchadas. Imposible avanzar si a cada paso, con el traqueteo, se cae un ministro por la borda. Tal vez no sea tan estúpido eso que dicen las malas lenguas por ahí de «la maldición de Franco». Igual, Pedro, te juntaste con indeseables y te metiste con quien no debías. Pues a disfrutar, que son dos días.