La película Ferdinand es una preciosa, tierna, sensiblera y mentirosa historia.

Qué pena que Ferdinand sea una mentira como una catedral; que triste que, una vez más, se manipulen mensajes tan válidos como el amor y el respeto a los animales para intentar engañarnos a todos.

Ferdinand no quiere ser un toro; no es un toro; renuncia a su naturaleza animal. Es un ser humano que, como la inmensa mayoría, detesta la violencia y añora la paz.

Ferdinand rechaza su destino de toro bravo, como si la gallina pudiera renunciar a poner huevos, el perro a andar a cuatro patas o el león a perseguir y devorar al ñu. El mensaje de la película es profundamente antinatural.

Ferdinand dice no al matadero y no a la lidia, supuestos sinónimos del maltrato. Y el paso siguiente sería la total desnaturalización de la sociedad actual.

Se te queda cara de bobo porque la peli es una pasada artística, un divertimento total para chicos y mayores, que hace reír, llorar, gozar y te emociona de principio a fin.