La nueva Ley de Memoria Histórica. Otra vuelta de tuerca en el control de opinión

El secretario de Justicia y Nuevos Derechos del PSOE, Andrés Perelló, se ha mostrado esperanzado con el nuevo gobierno socialista de Pedro Sánchez y ha indicado que la nueva ley recogerá que “las exhumaciones tendrán que ser políticas públicas, se planteará la nulidad de todos los juicios del franquismo, se dará solución a la situación del Valle de los Caídos y se prohibirá la apología del franquismo y del fascismo para equipararnos a las democracias europeas más consolidadas porque una nación demuestra su decencia cuando trata bien a sus muertos, y tenemos una deuda histórica con los muertos y con sus familias”.

Así suena la nueva Ley de Memoria Histórica que planea Pedro Sánchez y que, desde mañana, empezaremos a sufrir, primero en forma de comentarios y, más tarde, de multas y sanciones. Como siempre, un brindis al sol por parte de los que perdieron la guerra y necesitan, una vez muertos los protagonistas de la contienda, derrotar la ideología que frenó en Europa la llegada del comunismo soviético.

Para desgracia de Perelló y de los impulsores de esta nueva ley de opinión, lo único que no podrán cambiar es la historia, el hecho de que Franco se muriese en la cama de un hospital cuarenta años después de ganarles la guerra y dejar para que destrozaran una España próspera, unida y libre hasta para pegarse un tiro en el pie con la Constitución del 78. Eso no pueden tocarlo por más que hagan del Valle de los Caídos un gimnasio, cambien el nombre de todas las calles de España y abran zanjas en todas sus cunetas.

Nosotros seguiremos haciendo apología del franquismo porque, guste o no, es hacer apología de la mejor España de los tres últimos siglos; porque para vergüenza socialista, es hacer apología del movimiento que generó más avances sociales de la historia contemporánea en Europa, superado solo por el cristianismo a nivel mundial y, sobre todo, porque nos da la gana, porque en nuestra cabeza mandamos nosotros y porque quienes pretenden controlar el pensamiento individual  y pretenden hacer de la “mentira consensuada” la “verdad oficial” tienen los días contados.