La muerte, anunciada,  de Gabriel

Ayer se encontró el cadáver del crío del que hemos estado pendientes estos últimos días.  Muchos días ya. Es un tema muy delicado en el que cualquier cosa que se diga puede sonar a oportunismo. Pero hay cosas que ahora queremos decir.

En primer lugar, comprendemos la solidaridad, en casos como estos, de todos aquellos padres que han sufrido casos similares. Pero nuestro consejo es que, hasta ayer cuando se encontró el cadáver de Gabriel, esos padres deben guardar silencio y no mostrar esa solidaridad a unos padres que aún aguardan esperanzados  encontrar con vida a su hijo. Con todo, nadie duda de su  mejor  intención al hacerlo.

No creemos estar ante una mujer de raza negra y extranjera. En un caso como este destacar esos extremos no nos parece muy acertado. Estamos ante un criminal y poco importa, dado lo extraordinario de casos como estos las condiciones criminales del asesino que, con toda probabilidad cuando se produzca otro supuesto similar, serán diferentes.

Y sí creemos que merece la pena hablar del castigo que merecen delitos como este de Gabriel o el de hace unos meses de Diana. Los criminales que cometen delitos como estos merecen la pena de muerte. Sin más. Eso es hacer justicia. Lo demás es esquivarla. La única medida proporcional, es decir, justa ante un crimen como estos es la ejecución del asesino. Por lo demás, nos resulta increíble que haya dudas,  si quiera, de la denominada prisión permanente revisable que ni siquiera  llega a ser una cadena perpetua.