La Memoria Histórica, esa imposición marxista. Por Juan E. Pflüger

La nueva Ley de Memoria Histórica sigue su curso con el beneplácito de socialistas, podemistas, ciudadanos y las diferentes familias separatistas que pretenden romper España. Avanzan los trámites parlamentarios y ya solamente nos falta conocer la fecha en la que con el voto a favor de todos, salvo el PP que se limitará a abstenerse, se proclame la historia marxista como una verdad absoluta.

Manipular la historia no es solamente contar el pasado de manera falsa, es dar a esa mentira una utilidad actual. Y eso es precisamente lo que pretende la izquierda con el beneplácito abstencionista del PP. Lavar la imagen de un pasado criminal de checas, paseos, torturas, violaciones y asesinatos, para desmontar cualquier posibilidad de resurgir de la identidad nacional, que es la única vía para salvar a España.

Hoy voy a contar una experiencia personal que me permite mostrar qué es la Ley de Memoria Histórica y hacia donde nos lleva.

Como historiador y periodista he participado en la exhumación de una docena y media de fosas de la Guerra Civil. Empecé por el Pozo de Camuñas, ese Katín a la española en el que en la retaguardia profunda de Castilla la Vieja fueron asesinados centenares de compatriotas por el mero hecho de ser de derechas, ir a misa, ser religioso o haber discutido con algún líder sindical anarquista o socialista. Pese a que entramos en el antiguo pozo abandonado, nunca pudimos saber si la estimación de 400 cadáveres era la acertada o no. La ley memorialista de Zapatero, que tanto repetía que el objetivo era dignificar a las víctimas de la represión dejó claro que había asesinados de primera y de segunda. Para esta dignificación de restos no hubo presupuesto y, tras una semana de trabajo a más de treinta metros de profundidad hubo que sellar nuevamente la fosa común.

Después realizamos varias campañas en la zona del Pingarrón, en el área donde se desarrolló la Batalla del Jarama. Buscábamos media docena de fosas que habían sido señaladas como tal en el mapa de la memoria que dice que en España hay más fosas comunes de la represión que en cualquier otro país del mundo. Los lugares en los que buscamos no tenían un solo cuerpo de víctimas de la represión. Allí encontramos restos humanos, víctimas de las batallas, no de la represión. Se comunicó documentadamente al ministerio del Interior para que corrigiera ese mapa de la represión franquista. Pero no se ha modificado.

Allí había milicianos muertos en los combates, había brigadistas internacionales, había legionarios, incluso moros de las mehalas de regulares. A todos ellos les unía una única característica: esas fosas estaban señaladas como víctimas de la represión franquista.

Lo mismo nos ocurrió en la zona de la Batalla de Teruel y en Guadalajara con otras tantas fosas comunes, pero jamás se corrigieron los datos aportados por las asociaciones de la Memoria Histórica. Nosotros trabajábamos altruistamente, por el mero interés de conocer la verdad. Quienes hicieron el mapa lo hacían regados por parte de esos casi treinta millones de euros que los gobiernos de turno vienen dotando a las asociaciones memorialistas. En nuestro caso buscamos y encontramos la verdad, gratis. En su caso, propagaron una mentira interesada a cambio de ingentes cantidades de dinero.

Que hubo represión en ambos lados es una verdad histórica. Que los defensores de la memoria histórica han montado un interesado chiringuito, rentable y manipulador, también es una certeza.

No puedo acabar sin antes contar cómo han elaborado ese falso censo de la supuesta represión franquista que eleva hasta cien mil las víctimas. Con su sistema podrían duplicarlo o triplicarlo. ¡Qué más da!

Voy a poner un ejemplo: el caso de los pozos de Caudé. En la provincia de Teruel se encuentran los pozos de Caudé. Una antigua mina abandonada en la que según la documentación de la Memoria Histórica hay 1.005 víctimas de la represión franquista enterrados en un pozo de una antigua mina abandonada. Durante docenas de noches, cuenta la leyenda dada por buena por la historiografía marxista, allí eran trasportados los izquierdistas de los pueblos de los alrededores para ser fusilados y enterrados. Jamás se han recuperado esos cuerpos, no se ha podido hacer un censo. No se sabe si hay 10, 100 ó 1.000 cuerpos. Quizá no haya ninguno. Pero el número es oficialmente dado por bueno.

¿Si no se ha recuperado ninguno, cómo se da por exacta la cifra de 1.005 víctimas? Muy sencillo, por el testimonio de un pastor que casi cincuenta años después de los supuestos asesinatos reveló su secreto: cuando era joven iba todas las noches a esa zona y contaba, escondido y a distancia del lugar de las supuestas represiones, el número de tiros de gracia.

Testimonios tan poco consistentes como este conforman la base documental de la Memoria Histórica. De nada sirve que en las excavaciones realizadas para buscar estos cuerpos solamente se hayan encontrado cuerpos de víctimas de las batallas en la zona. Que durante meses, 36 cadáveres de soldados fueran abandonados en almacenes municipales sin “dignificar” su enterramiento. Forma parte de una gran mentira que pretenden imponernos por ley como una realidad histórica. Suena a estalinismo e imposición marxista ¿acaso es otra cosa?