La izquierda impone la omertá para defenderse de los casos de corrupción

Pedro Sánchez ha calculado los riesgos y ha decidido llegar al 2020 de cualquier manera, con lo que sea. Piensa el presidente del Gobierno más corrupto e inestable de los últimos ochenta años que sus opciones pasan por que transcurra el tiempo (en esto se asemeja a Rajoy) y escampe la tormenta de las últimas semanas. Ayer, la portavoz del Gobierno Isabel Celaá, anunció lo que ya adelantó la ministra Calvo: hay una conspiración contra ellos, les tienen manía, y a partir de ahora van a controlar la libertad de expresión porque puede ser muy perniciosa.

Se carga así la ministra Calvo aquella premisa escrita por George Orwell sobre el periodismo, la de publicar algo que alguien quiere que no publiques.

La acción ejecutiva se la han dejado al prevaricador Garzón, que ayer ya llenaba de denuncias las redacciones de los medios que han desvelado su relación con el comisario Villarejo y la ministra de Justicia, Dolores Delgado.

A un nivel más bajo, más de maricona de barrio chungo, podríamos decir, está lo del portavoz de Facua, Rubén Sánchez, podemita de postín y ciberacosador. Algunos usuarios de la red social del pajarito azul ya se han hartado de sus tonterías y han procedido a desenmascarar a este mierdecilla de las tertulias pseudopolíticas. Es lo que se ha llamado el #FacuoGate.