La inviolabilidad del Emérito

Nos hemos acostumbrado, a fuerza de padecerlos, a aforamientos múltiples de tipejos de medio pelo que, solo por el hecho de alcanzar un escaño en el Congreso o en el Senado, en algún ayuntamiento, diputación o comunidad autónoma, ejercían tropelías con la certeza de no poder ser juzgados por ello. Para demostrarnos lo contrario, el Estado español sentó en el banquillo de los acusados a Iñaki Urdangarin y señora. Todos tranquilos, pues, el Estado sentaba a la más altas representación del mismo para juzgarla por delitos cometidos a la sombra de su posición social.

Pero hoy, cuando la Audiencia Nacional ha decidido mirar para otro lado con el asunto del Emérito y una de sus cortesanas, y alega precisamente la inviolabilidad por aquel entonces del Monarca jubilado, es inevitable volver a discutir sobre la necesidad del Estado de proteger judicialmente a sus representantes, o sobre la necesidad del Estado de protegerse de sus representantes.

Efectivamente, y con más razón que nadie, el Rey de España tiene que quedar al margen de que escorts de más o menos caché puedan acusar sin pruebas de haber sido nombradas testaferros de sus posesiones en el extranjero; tiene que quedar al margen de conspiraciones policiales urdidas en las cloacas de los servicios secretos; al margen de despechos amorosos o, incluso, de reinas ofendidas. Pero no es menos cierto que, el Rey de España, con más razón que nadie, debería ser decapitado por su propio hijo si manchase con la ignominia de la malversación, el robo, la evasión de capitales o el fraude a las arcas públicas (súbditos españoles) el nombre y la fama de España o de la Corona imperial en la que, aún hoy y a pesar de todo, se miran tantos pueblos en la tierra, hijos de esta nación milenaria.

2 Comentarios

  1. Iñaki cabeza de turco, le endilgaron el marrón, le tocó a el, para proteger a campechano. Se dice que Iñaki solo hacía lo que veía, y que el capo de la mafia era el propio campechano. Conociéndolos es bastante mas que probable.

    • No le quepa ninguna duda.
      Fue un alumno aventajado, solo que no aprendió nada bueno de semejante «maestro».
      Incluso su afición a frecuentar a otras mujeres es un «legado» del suegro, un auténtico pichabrava, parecido a Julio IGLESIAS, solo que este se pagaba las putas con su propio dinero, y el «demérito» CON EL NUESTRO.
      ¡Eso es lo que podríamos llamar DISPARAR (por no decir folgar) CON PÓLVORA DEL REY, y nunca mejor dicho! Claro que esa «pólvora» la pagamos el pueblo «soberano», y lo de soberano suena a coña, la verdad.

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