La institución más devaluada en España

Hoy es el día del Señor. Seguimos llamándolo así mientras leyes laicistas no nos hagan llamarlo de otro modo. Habrá caído definitivamente en el olvido la España católica por falta de uso. Pero, de la indiferencia de sus fieles, de la indolencia de la grey hacia sus símbolos y sus fiestas, a sus pastores y al sentido de la vida emanada del Evangelio, ¿quién tiene la culpa?

Seguramente, cada uno de nosotros. Nuestra dejación y olvido, nuestra falta de cariño hacia nuestra Madre y Maestra, la Iglesia de Cristo, han hecho posible que demonios revestidos con hábitos religiosos estén ocupando desde la Silla de Pedro hasta la última sacristía.

En España, la Iglesia sangra. Ha sido su principal institución. La que devolvió a Roma su grandeza, la que mantuvo alejado de la piel de Europa al sarraceno, la que propinó la patada más fuerte y dolorosa al comunismo. Solo la Iglesia podía cambiar a España y, tras el Concilio democrático en el Vaticano, llegó la reforma democrática a España. Se abrieron las puertas de los templos para que entrasen todos y sucedió que no quedó dentro casi nadie. La jerarquía de la Iglesia es culpable del abandono de sus fieles y, más preocupada por la ‘X’ o por la asignación a los concertados que por la doctrina, asiste a la vacuidad de sus templos.

Esconder y tapar el pecado cometido contra «uno de estos pequeños», abandonar en las sucias manos de los profanadores a los que cayeron dando su vida por Cristo, bendecir lazos amarillos como el que bendice medidas de la Virgen del Pilar, mirar siempre para otro lado. La Iglesia en España, como institución, está en franco retroceso. Sabemos que la Esposa de Cristo ha de triunfar después de este tiempo de oscuridad. Pero será con una jerarquía nueva, católica y con auténtica fe en Dios, o no será.

1 Comentario

  1. Tiene cada vez mas tintes apocalípticos, en el sentido de Parusía. El triunfo parece que, tal y como rezamos en el artículo de fe («de nuevo vendrá»), va a ser de Cristo mismos, es decir esto solo lo arregla su regreso. Ya nos lo profetizó en los textos apocalípticos. Mientras tanto, misa tradicional, y doctrina tradicional, oración y rosario diario. Y no dejar de denunciar a este clero traidor (salvo contadísimas excepciones), que para ser traidor no hace falta ser progresista, basta con ser un sujeto obediente pasivo al veneno conciliar anticatólico.

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